miércoles, 29 de mayo de 2013

Tristeza II





Quiero pensar que otras canciones
que los años vuelven viejas
y de tanto cantarse siguen frescas
me regresen a esos tiempos de cedros
cipreses,  laureles en la frente 
y caballos en el viento persiguiendo
heliotropos, azucenas y mujeres. Tristeza I


Yo no sé si es la poesía, el sentimiento o las dos cosas
que me empujan a buscar el verso para escapar
de esta terrible sensación de peces muertos,
en el silencio dibujado de sus grafías o en la imagen
que se viste de colores vespertinos por el  tráfico
y  se cuela en el balcón junto a un sonido eléctrico
de grillos autómatas que le dan forma al vacío,
en este sórdido momento que atraviesa mi mente
con ese olor de despedidas y adioses sin retornos
al  viaje interno  por las oscuros países que me habitan
en las fronteras   de la soledad  y la melancolía,
ama de llaves  eficaz de todos mis estados de ánimo
residentes de mi cuerpo desde hace varios años.

De repente hay días, meses, donde me visita la esperanza,
El presagio y la complicidad y el rostro de la casa cambia,
es un efecto de estación de primavera que el tren arrastra
el vagón de  soles y pájaros que inundan los silencios
que se forman en las espesas distancias de  lo insólito.

Entonces me descubro vestido de colores brillantes
y ya no importan los achaques de los vecinos o sus lamentos.

Sin embargo esos días se evaporan y solo el recuerdo los teje
para cubrir la melancolía de un frío perenne de lunas invisibles
cuando se escucha esa terrible sonata de ausencias y de olvidos
por esta tarde solitaria que en otros momentos sería placentera,
vaivén de hamaca en el portal enfrente de los palos de guayabo,
reposo de pájaros después de una mañana de gusanos y chicharras.

Solo el lejano ruido de los autos y una sirena intermitente
como  presagio de  la muerte de un sentimiento que no dio a luz,
ese profundo dolor como fantasma que deambula por mi piel
en lugar de  un mediodía de domingo en la plaza de Coyoacán
tu y yo tomados de la mano y tu otra mano tocando el corazón
y atrás la historia,  la catedral del franciscano y la palabra amor
que entre cruces, espadas, colores de otros mares, contradicciones,
simbolizan un pasado,  como el nuestro,  que nunca pudo darse
solo el encono en la palabra, la fuerza bestial que tiene un signo
una coma, un silogismo que encriptado desciframos a destiempo,

un verbo sin tiempo ni pronombres  estático y por lo tanto infinitivo. 

2 comentarios:

  1. yaseretD' Lima31 de mayo de 2013, 15:47

    Es la poesía, el sentimiento y la bondad y ese amor que se siente cuando la vida nos pide algo más que el canto y el llanto para plasmar las emociones y desnudar los sentimientos cuando el sentir del corazón pide el desnudo de un verso sin pudor ni distancias.

    Amanecí en tus brazos/vida mía/con aroma a tu sexo y un latir sofocado del corazón amado.

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