martes, 14 de agosto de 2012

La poesía




La poesía es una forma de resistencia ante la barbarie. José Emilio Pacheco 

En el  repentino despertar,
en la vigilia mejor dicho,
cuando los sueños no daban cabida
y el espectáculo del insomnio avanzaba
surgió la idea de terminar un tema
con la sensación de que había partido
es decir, que no era de ti, ni de los otros

Luego quedé dormido como fardo
mis pesares se volvieron pájaros
como siempre,
mis reclamos por clases a distancia
en ese mundo onírico, de ensueño,
que fueron escuchados por el viejo
disfrazado de una bella dama

En esos galimatías que tiene la vida
entre el despertar dormido, sin ganas
cuando la mañana te reclama con sus trinos
con los ruidos de una realidad ordinaria
y los sonidos de una dimensión oculta
en los tornasoles del cielo adormecido,
me voy redescubriendo por momentos

Mi lenguaje se va tejiendo como siempre
entre recuerdos inmediatos del presente
y esos piquetes de la nada como aviso;
amor sin tiempo, inmaculado y asexuado
fuerza motora de mis pensamientos.

Bulle en mi mente la idea sutil de una novela
que se escribe con el paso de los días,
los acontecimientos del mundo
la terrible angustia de la soledad humana
y la falsa alegría de los que avisan las noticias.


Sin embargo no es el tema principal
ni por asomo la inquietud que arriba,
solo es el preámbulo del cuento,
una parte de la historia sin mayúscula
de los que permanecen escondidos
en las partes ocultas de las piedras,
en los rincones de las cosas inservibles
en las canciones viejas de Juanito Arbizu
o en una camisa que espera ser depuesta.

La sensación que es indescriptible,
por el momento
se cocinó entre lágrimas de amigas,
pláticas lejanas con las hadas,
dos poemas de Vallejo,
algunos versos de Sabines,
otros que leí de Piedra de sol,
los comentarios que le escribí al pana,
el dolor de estómago y de vísceras
por la falta de liquidez para los pagos,
la vejez anunciada de mi perro
y un viento frío por la playa
así como la sonrisa encantadora de Luciana.

La idea de un poema diferente
el constante llamado de los ángeles
cuando se encuentran dormidos los demonios
me han blanqueado el alma en estos días
y de esta forma preparado estoy para escribirlo;

Hay un ritmo intrínseco que tiene el verso
y entre verso continuado a cada verso
el ritmo surge de las penas, las ideas
de la luz que se gesta en el poema
o el mismo poema naciendo en el silencio.
Son mis manos solamente el instrumento
como un hueco donde escapa la metáfora
y las imágenes sedientas van llenándose,
o en un decir diferente,
dibujan la hoja en blanco
la llenan de ideas que no comprendo
y tampoco acabo de entender porque me salen
y fluyen de mi mente como si fuera el dueño,
cuando al revés de lo que solemos crear,
soy apenas herramienta necesaria de sus sueños.

Po otro lado hay una necesidad inmediata
casi apremiante del que escribe,
de poder comunicarse con los dioses,
o al menos con esa parte divina de uno mismo
y exorcizar a sus demonios y sus muertes
perdonar al enemigo y los errores,
dialogar con el metro y con la rima
y con una regla medir la distancia entre las sílabas;
pero eso es forma, una parte necesaria
que no sirve para demostrar al teorema por completo;
hay una parte suficiente que me borra,
como una criatura abandonada por su cuerpo
deja que entren otras almas por sus venas
y ellas susurran lo que me están dictando

Es cierto que no siempre es así,
pero ya basta,
por hoy la poesía me abandona
y tengo que seguir levantando las piedras
y las ramas
desposeer al árbol de su parte mágica
y entender que los pájaros no son aves
sino emisarios de otros mundos que me sueñan
o mensajeros de fantasmas y de duendes.

El oficio de arreglar a las palabras
para que indiquen otros cometidos
es interpretado como un objeto abstracto
que tiene mil aristas y muchos  universos
vasijas de cocción que no tienen contornos
recetas de cocina que no existen
y sin embargo son encontradas en el libro
entre varias madrugadas de lectura.

Intercambiar frases que no dicen nada
y en esa parte del tiempo diferente
encontrar su validez agazapada
como si fuera un brujo que acecha
y trata de espantar de otra manera
en  el asombro de un personaje diferente
soñado en un cuento y aparecido en otro;
una imagen, una nota, la lista del mandado
el número telefónico aprendido
para marcar la plenitud
la nostalgia por una copa de vino
la forma de preparar el Express cortado
pelear los centavos en un toma y daca en el mercado
y mucho etcéteras sin significado.


La palabra es el pecado en la poesía
cuando no encuentra su acomodo
con una intención diferente a lo que dice.

viernes, 10 de agosto de 2012

Triángulo




I

Me he empachado de mar,
de su belleza.
Me cambiaré a la ciudad para extrañarlo;
pero será en verano, cuando las olas
transportan minúsculos azogues por sus crestas,

porque con esa imagen infinita de mi yo
desvanecido en otros yos perdidos,
no podría resistir su alejamiento,
mi partida.
Sé que es el mar mi esencia
Y es que a veces yo tampoco me soporto.

Por  estos últimos días de invierno
con una sudadera protegiéndome,
camino por una de sus playas frías
con la parte nostálgica del alma
sorteando espejos de la melancolía

En estos días, el mar no me atosiga
de tanto colorido, amor y vida;
mas bien me sirve de buena compañía,
me susurra de brisa para no alejarme
y juntos tolerar el amor entumecido.

Resulta que a veces su belleza cansa
y es la tristeza, a veces necesaria,
quien permite pegar las partes quebradas
de tantas sensaciones de pájaros dichosos.


Definitivamente el mar me cansa
por esos días que apenas llegan
y es insoportable su belleza
y el horizonte es una línea imaginada
entre lo que es claridad en sus entrañas,
el misterio del punto imaginario
donde convergen las preguntas sin respuestas
y esa soledad de dulces pájaros acuáticos
que desemboca en otro mar profundo.

Resulta que a veces, ni yo mismo me entiendo.




La ciudad

La ciudad espera mi descanso de mar.
Miles de galaxias incrustadas en la tierra
esquinas mágicas con planetas solitarios
al arribo de la nave del fastidio
con seres repetidos y mundos clandestinos,
gavinas callejeras en la calzada del olvido
bardas pintadas de conciencia,
plazas de mármol en contraste con la arena
monolitos de concreto y  de ladrillo levantados
donde antes lagos existían,
condominios en lugar de los arbustos
plantas de luz artificial,
letras ahogadas por ríos de metal y de neumáticos;
centros de reunión para cualquier gusto de gente,
palomares limitados
artistas de a diez pesos en cada estación del metro;
verduras, gallinas, vacas, caballos destazados
y mariscos a un lado de lo que es el puerto necesario
en que los barcos Thorton abastecen al ganado.

Pero hay espacios de infinitos prematuros
y postreros
lugares donde el espíritu descansa,
café lechero en los rincones del marqués,
centro superpuesto y agujeros de tiempo
por donde se cuela el sabio, la historia,
mi futuro y mi pasado,
fantasmas de un presente muerto
librerías del Centro al Sur,
dichosos libros que me esperan,
rincones para el blues y una buena sinfonía,
resquicios culturales en medio de un bosque de piedra
puntos de reunión entre eucaliptos,
varias pinturas que se inventan a sí mismas
de personas en  el desafío de llegar a su destino,
paranoia y stress para sucesos posteriores
mujeres con el encanto citadino,
amigos del ayer lejano, cuando las calles
no eran cautivas de los automóviles,
edificios que te dan los buenos días,
amantes escondidas,
la misma ciudad maquillada de soledad prostituida
en que la nada tiene restricciones
y el vacío deambula por sus callejones,
donde  se compra lo que no es necesario.

Añorada ciudad de mis amores,
oculta entre ciudades diferentes
víboras de fuego en sus entrañas vivas
electricidad y gas en la región del aire
ríos entubados y mensajes encriptados,
al fin ciudad mas grande que mi playa
repleta de misterio y de leyendas...





III



El Bosque

A lo mejor el bosque
con ese misterio por sus cuevas,
vida fluyendo entre sus árboles
y aves acechando por el aire
criaturas que corren y  recorren
entre la tierra y el follaje...
El bosque con sus hadas y sus duendes
me servirá de bitácora reciente
donde pueda borrar de mi cuaderno
a la soberbia,
la  vanidad que siempre debilita
y entonces escribir de otra forma
la introspección profunda por todas mis arterias
para limpiar  las partes oscuras de mi alma.

Porque en el bosque,
también florece la metáfora
los versos son mariposas y torcazas,
carpinteros, petirrojos y pichones,
en ausencia de gaviotas y pelícanos;
hay tropos  e imágenes cambiantes
en abedules y ahuehuetes,
hongos a la sombra de los pinos,
ardillas volando por sus ramas
y esa sensación de paraíso,
el caldo de magia necesaria
para pensar en brujas, ninfas y cigarras.

Sensaciones Usurpadas




Sólo el vestido de nosotros
en este tránsito instantáneo
de un navegar infinito por el mar
de nuestras vidas sin un cuerpo,
se despeña  en un enardecido precipicio,
de promesas pronunciadas.

Estoy contigo, envuelto  de caricias
perdido en el cráter profundo de la vida 
haciéndome llevar el juramento
donde te penetra solo el viento
a ese bosque de ti,
donde puede encontrarse el universo.

En esta eclosión de amor en nuestros sexos,
tu sexo mismo es quien nos define
y un caudal de misterios nos envuelve;
en un surco profundo me estaciono,
en ti me lleno y me vacío también en ti    
para que el jardín de las metáforas florezca.

Tu vientre, la noche en que me pierdo,
un jardín de verbos sin pronombres
donde mi propio vientre,
mi sexo
mi yo sin oraciones, 
son el diálogo incesante del silencio.


y como decodificador de nuestras almas,
que sean nuestros cuerpos
quienes traduzcan en palabras,
las sensaciones usurpadas como pájaros
que emigran  de un continente a otro,
peregrinos del espejo del deseo
en esa vacancia donde nos vemos reflejados.