viernes, 14 de enero de 2011

El Otoño (El roce del espíritu)

Imagen de ML
...me voy rompiendo
en capítulos,
hueso a verso,
boca a beso,
verbo a cuerpo,
-nada más parecido
a un montón de letras
sin esqueleto. Belleza quieta.- M.L.

El roce del espíritu

A veces me llega la tristeza en tonos ocres
en el borde de la ausencia
en otras ocasiones me lleno de despojos
como hojas que se mecen suspendidas
un verso en agonía que se aferra ante la vida
con una sensación de huesos vivos
recurrentes del olvido y la nostalgia.

Por estos días, un invierno cercano
ahoga mis recuerdos de una tarde sin pájaros
con una conmoción de crisantemos en mi pecho,
cuando una virgen sin llantos ni duelos inventados
se aparece en la ventana,
su rostro dibuja la nostalgia
invade mis momentos con una mirada imperceptible
se apodera de otros sueños en sepulcro
y me descubre de una forma
que estaba velada ante sus ojos.

Entre matices del crepúsculo,
sacude las tristes pinceladas del lamento
resucita los tiempos de la magia
y roza mi espíritu
con el toque silencioso de los ángeles.

La paradoja del vacío nuevamente resurge de la nada
como una estrella que colapsa y explosiona
en una primavera sin otoño.

Hay una fuerza en ese rostro de estaciones en espera,
que me avisa, me retrata, me conduce
con palabras subyacentes, subversivas
hacia un mundo de versos en silencio,
frases de un ocaso de preguntas sin respuestas,
eclipse entre dos verbos en el rito solemne de la vida.



martes, 11 de enero de 2011

La poesía

 
En el  repentino despertar,
en la vigilia mejor dicho,
cuando los sueños no daban cabida
y el espectáculo del insomnio avanzaba
surgió la idea de terminar un tema
con la sensación de que había partido
es decir, que no era de ti, ni de los otros

Luego quedé dormido como fardo
mis pesares se volvieron pájaros
como siempre,
mis reclamos por clases a distancia
en ese mundo onírico, de ensueño,
que fueron escuchados por el viejo
disfrazado de una bella dama

En esos galimatías que tiene la vida
entre el despertar dormido, sin ganas
cuando la mañana te reclama con sus trinos
con los ruidos de una realidad ordinaria
y los sonidos de una dimensión oculta
en los tornasoles del cielo adormecido,
me voy redescubriendo por momentos

Mi lenguaje se va tejiendo como siempre
entre recuerdos inmediatos del presente
y esos piquetes de la nada como aviso;
amor sin tiempo, inmaculado y asexuado
fuerza motora de mis pensamientos.

Bulle en mi mente la idea sutil de una novela
que se escribe con el paso de los días,
los acontecimientos del mundo
la terrible angustia de la soledad humana
y la falsa alegría de los que avisan las noticias.


Sin embargo no es el tema principal
ni por asomo la inquietud que arriba,
solo es el preámbulo del cuento,
una parte de la historia sin mayúscula
de los que permanecen escondidos
en las partes ocultas de las piedras,
en los rincones de las cosas inservibles
en las canciones viejas de Juanito Arbizu
o en una camisa que espera ser depuesta.

La sensación que es indescriptible,
por el momento
se cocinó entre lágrimas de amigas,
pláticas lejanas con las hadas,
dos poemas de Vallejo,
algunos versos de Sabines,
otros que leí de Piedra de sol,
los comentarios que le escribí al pana,
el dolor de estómago y de vísceras
por la falta de liquidez para los pagos,
la vejez anunciada de mi perro
y un viento frío por la playa
así como la sonrisa encantadora de Luciana.

La idea de un poema diferente
el constante llamado de los ángeles
cuando se encuentran dormidos los demonios
me han blanqueado el alma en estos días
y de esta forma preparado estoy para escribirlo;

Hay un ritmo intrínseco que tiene el verso
y entre verso continuado a cada verso
el ritmo surge de las penas, las ideas
de la luz que se gesta en el poema
o el mismo poema naciendo en el silencio.
Son mis manos solamente el instrumento
como un hueco donde escapa la metáfora
y las imágenes sedientas van llenándose,
o en un decir diferente,
dibujan la hoja en blanco
la llenan de ideas que no comprendo
y tampoco acabo de entender porque me salen
y fluyen de mi mente como si fuera el dueño,
cuando al revés de lo que solemos crear,
soy apenas herramienta necesaria de sus sueños.

Po otro lado hay una necesidad inmediata
casi apremiante del que escribe,
de poder comunicarse con los dioses,
o al menos con esa parte divina de uno mismo
y exorcizar a sus demonios y sus muertes
perdonar al enemigo y los errores,
dialogar con el metro y con la rima
y con una regla medir la distancia entre las sílabas;
pero eso es forma, una parte necesaria
que no sirve para demostrar al teorema por completo;
hay una parte suficiente que me borra,
como una criatura abandonada por su cuerpo
deja que entren otras almas por sus venas
y ellas susurran lo que me están dictando

Es cierto que no siempre es así,
pero ya basta,
por hoy la poesía me abandona
y tengo que seguir levantando las piedras
y las ramas
desposeer al árbol de su parte mágica
y entender que los pájaros no son aves
sino emisarios de otros mundos que me sueñan
o mensajeros de fantasmas y de duendes.

El oficio de arreglar a las palabras
para que indiquen otros cometidos
es interpretado como un objeto abstracto
que tiene mil aristas y muchos  universos
vasijas de cocción que no tienen contornos
recetas de cocina que no existen
y sin embargo son encontradas en el libro
entre varias madrugadas de lectura.

Intercambiar frases que no dicen nada
y en esa parte del tiempo diferente
encontrar su validez agazapada
como si fuera un brujo que acecha
y trata de espantar de otra manera
en  el asombro de un personaje diferente
soñado en un cuento y aparecido en otro;
una imagen, una nota, la lista del mandado
el número telefónico aprendido
para marcar la plenitud
la nostalgia por una copa de vino
la forma de preparar el Express cortado
pelear los centavos en un toma y daca en el mercado
y mucho etcéteras sin significado.


La palabra es el pecado en la poesía
cuando no encuentra su acomodo
con una intención diferente a lo que dice.