miércoles, 8 de mayo de 2013

El Portal



Nada nos salva, solo la nada,
esa enorme oquedad en medio del vacío
donde súbitamente surge el verbo
sin que nadie lo reclame.



Tres veces me ha llamado el infinito
La barca de la luz alinea el horizonte.

El mar reclama para sí los rayos del sol
y los pájaros inician los conjuros,
los ritos alrededor del círculo imaginario
que abren el portal del mundo mágico

El ombligo antes cráter 
donde cupo el universo
ahora es  la entrada 
a ese mundo oprimido 
del recuerdo.

El misterio es trasparente cuando la flor nace
la poesía se gesta al caminar con el pasado,
hay luz a borbotones en el cielo
no solo el crisantemo se difracta
en el espíritu y se transforma en pájaro;
el mar entonces es atrapado en una frase 
y surge el verbo repentino a la mitad del parto.

La parte misteriosa, aquella en que los
monstruos de la culpa acechan,
es disipada en esta sinfonía cotidiana,
gritos de niños a la mitad de la mañana
en un silencio líquido
que lava la piel de los recuerdos,
limpia el alma con la sal mística
y borra el sentimiento de la nada.

El infinito siempre está presente
el hormigueo en mi cuello lo delata,
las lágrimas al sentir la carga de Orión
como un río viajando por mi cuerpo,
y el  poema se lee mientras camino
saludando al universo en este pequeño
lugar de los milagros.

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