viernes, 2 de noviembre de 2012

Despeñadero

                                                  Ralph Kellotat


A Esther y Modesto...


Caigo en mi mismo
y me despeño en otro
ser distinto a mi.
No es cierto que el hombre,
yo mismo, sea igual al
hombre antes de mí
y los que leo ahora
desde la buhardilla
en que habita el infinito.

No importa si en un principio
fue el verbo o la palabra;
para entonces la idea
ha dado muchos giros
alrededor de un universo
muchas veces reinventado.

Nosotros
que en ese tiempo dejamos
para siempre el hogar
limitado de la esfera
continuamos navegando
con las mismas preguntas
y encontrando respuestas
diferentes.

Sin embargo nosotros,
enfrentamos
el camino del intento
como solo el hombre antes
de ser hombre lo fuera.

Fuimos “condenados”
irremediablemente
a estar solos
y la tragedia es la ruptura
de los límites de un cielo
inexistente.
Sin embargo el cielo,
como antes Mictlán,
el mundo de los muertos
de Ra, o eso que llaman paraíso,
era una esperanza,
la esperanza de morir
alguna vez con la mentira.

Una alegoría bellamente oculta
debajo de las piedras en un
lento caminar hacia la nada.

No hay culpas ni culpables
el designio en realidad es
un decreto que se forma
con palabras que transcurren,
se expanden, se desdoblan
y permanecen fieles en el tiempo.


Ellas finalmente nos salvan
en profético  cortejo
como si el ser que habita
en ellas para darle forma
y a su vez ellas mismas
lo deforman, lo definen,
en ese punto inexistente
en que convergen los sueños,
en que solo un sueño repetido,
fuese el  colapso inevitable del espacio.


Entonces el amor, esa palabra
que describe fielmente a los amantes
el impulso de Eneas
para construir ciudades
y como premio, una bella esposa
o de Ulises atravesando
el Valle de la muerte
Dante bajando a los infiernos
en busca de su amada
Homero describiendo una batalla
del mundo contra el mundo
al rescate de Elena,
Quevedo reclamando a los dioses,
la moral de los hombres en su época,
que el polvo a pesar de ser polvo
es un polvo enamorado,
Leonor de Aquitania cobijando poetas
en su corte para darle otro sentido
al  relato  de Tristán e Isolda
o del mismo Arturo nuevamente leyenda
por ser amorosamente traicionado.
El amor que entre piernas,
entre miradas, entrelazados
los hombres con todas las mujeres…

También es colapsado por el tiempo
y nuevamente nos quedamos solos,
nuevamente es un collar de verbos
una palabra tras otra y así formando
líneas y poemas, descifrando el
lento proceso de la vida y su parte
contraria que es la muerte; en medio
de ello, el peregrinaje de la Historia,
los capítulos escritos por los hombres,
el sueño vestido de palabras que
despueblan las criaturas que viven
adentro de nosotros o en otra parte,
una dimensión diferente
en que la realidad es un leve esbozo
de lo que puede ser la matriz,
de algo diferente al vientre de la madre,
la madre misma
que es tierra y cielo,
dadora de sustentos,
quitadora de penas y tristeza
limpiadora de los grandes basureros de la Tierra
limpiadora de almas.

El mundo cambia realmente
cuando ella vislumbra
ese vasto universo de las letras
y es la metáfora: Coatlicue,
y en muchas partes del mundo,
Isis, Astarté, Diana, María,
mujer diosa
mujer universal,
mujer olvidada
y rescatada,
ente diferente,
misterioso,
más profundo que la nada.

Frente a mi frente no hay nada
solo el pliegue resbaloso de las piedras
apuntando al lugar de los enigmas;
busco en una larga noche sin estrellas,
aquella misma luz y sin embargo es inútil,
el canto de la historia nuevamente nos retrata
en un eterno recurrir al acertijo cuando sabemos
la respuesta en este mundo que no tiene respuestas.

Es por eso que incursionamos en  otras realidades,
descifrando la carta de los navegantes de la nada
interpretando las metáforas de otras batallas,
las revelaciones del místico o un ermitaño
refugiado en una cueva construida con silencio,
el canto del cuervo en la parte iniciática del brujo,
los lances filiales entre el maestro por su alumno,
el beso enamorado que se da entre dos almas
que trasforman la naturaleza
de lo que en esa permanencia
es la esperanza,
el odio disfrazado de un tinte tolerante
por el que piensa diferente,
los manuscritos flotando
en el mar de los sabores agridulces,
las tradiciones cantadas
y trasladadas de una etapa a otra
en el mapa de la vida
desde el día en que todo era agua,
otra esencia descifrada.

Dentro de esos mundos
en que atrás de la mirada de otro
se ve reflejada una parte del poema,
la metáfora se interpreta
así misma
y así misma
se despeña
en otras realidades
que sin ser idénticas,
por el mismo sendero manifiestan
el canto universal de soledades
alrededor del viejo,
alrededor del soñador,
del escribano,
del que canta las hazañas de otros,
a través de los sueños de los otros
y así se precipita en un caudal
de letras repetidas
que en el choque inevitable del vacío,
se transforma en otra figura irrepetible
a la que alguna vez se escribió antes del diluvio,
antes de que el pez nadara por las aguas,
o que el sol nos despertara con sus cantos
amarillos y dorados, anunciando
que a pesar de todos los manuscritos
de los dioses que dejaban su huella
y sus palabras de una forma diferente
para explicar esto que llamamos vida,
continuamos escribiendo en su libro
el mismo acontecer de todo lo que pasa:

La lucha por dejar de ser monos
y  querer ser dioses,
la bella melodía de dos seres de luz
cuando se entregan y sus cuerpos son uno
y uno es el destino de ellos al morir
repetidamente muchas muertes
y volver a nacer en otras vidas
en otros besos,
en otros seres iguales a nosotros en sustancia,
el crimen de los hombres a todo lo que es vida,
la violación irremediable de los río y los mares,
el destapar la coladera por donde el mismo sol
violento se transforma en muerte
en vez de todo lo que así mismo nos define;
el despertar del sueño de sus hijos:
la impotencia de Coatlicue,
Huitzilopochtli pervertido
y sobre todo,
el que se convierte en humo
y en humo como espejo nos retrata
en su mirada
y en su mirada refleja
el vacío de nuestras almas
la impotencia de ser hombres,
la terrible soledad que nos delata.

Pero la pequeña abertura,
el rincón del silencio en que descansa el infinito,
y en nombre de todos los dolores
y todos los placeres,
de todas las ausencias
y todas las plegarias…

Es la poesía en su eterno misterio
quien nos salva.

4 comentarios:

  1. Yaseret D' Lima17 de octubre de 2014, 14:42

    Inmenso único. Más palabras no necesita... ¡Esta lleno de ellas en la riqueza de su estilo!

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  2. QUE HERMOSO DE VERDAD! COMO SIEMPRE FELICIDADES! SOY LETY

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  3. Lety, gracias por tu lectura y tus palabras!

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