martes, 12 de noviembre de 2013

Oráculo

                                            Tholos Delfos - sec. IV aC





Con una somnolencia extraña
y de otro mundo,
los sueños se apoderan de mi alma.

Me sumergen a estados de abandono
con las palabras escondidas por los poros,
entes incoherentes entre puntos suspensivos,
virus reproducidos a mil letras por segundo,
relatos imprecisos y sedientos 
que fluyen por las venas del poema
formando cadenas de oraciones sin destino.

Ideas que fueron desahuciadas por el cosmos
se precipitan a un prado de versos  inconclusos
como claves secretas para descifrar el verbo.

Atado estoy en el punto
donde el ángulo se gesta
con las  tijeras que cortan el vacío
en partes desiguales, 
retazos de universo,
respuestas rotas y asimétricas
como un cuerpo geométrico sin forma.

En esta sensación de libertad sin rostro,
filamentos de luz en el umbral de la metáfora,
blancos salpicados difractando pálidos reflejos,
símbolos dibujados en la paleta de las sombras,
y el torbellino de signos en espera...
soy conducido a un camino sin puntos referentes
donde  la conciencia es el pretexto de un ser desconocido,
el terreno posible de los futuros descubiertos
por un laberinto intrincado de presentes idos
en un pasado de mensajes  encriptados,
revelador de profecías sepultadas
en el negro ataúd de los silencios.

Nuevamente el oráculo del sueño es la poesía,
el misterio impenetrable del espejo
en los grandes almacenes de la nada.

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