domingo, 29 de julio de 2012




“Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces
 jugamos al cíclope, nos miramos cada vez  más de cerca y los ojos
se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran,
respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente,
mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes…”

Rayuela

Los recuerdos no dejaban de llegar intermitentemente, es como si me hubieran removido toda mi base de datos histórica en que los tiempos se intersectaban y llegaban datos cruzados de aquellos años en que todavía era alguien con esperanzas de cambiar al mundo , o al menos al mío y la impotencia de tantas luchas solitarias, grupales, clandestinas, de otros, silenciosas, en el diván del psicoanálisis, en la cama, en los antros y el cabaret, en la escuela y en el trabajo, dando clases, todos esos momento de 30 años de existencia, se agrupaban en un solo instante que me traía mi conciencia de un lado a otro, amores perdidos y encontrados, lecturas vacuas y paradigmáticas, películas, obras de teatro, amistades, vecinos, colonias, ciudades y esta insistencia de querer ahondar en lo mas profundo, o mejor dicho, en lo imperceptible, en el momento en que quedé trastocado por la cultura, por la izquierda, por la brujería, por la ciencia, por la religión y sobre todo, por  los momentos que me empujaban a albergar en mi casa guerrilleros, prostitutas, meseros, vecinos,  amigas, poetas de fin de semana o de un amor incomprendido o de un solo amor, que se yo.

Definitivamente, la música era lo que había dicho Gorki en alguna ocasión, al menos eso creo: “Es lo que abraza a todos los hombres”, y por la música tenía que empezar ya que me daba cuenta después de que pasaron los primeros años del rock que siempre había estado prohibida cuando pensaban que era subversiva, la prohibieron en Brasil, en Chile, en México en los mismo Estados Unidos en sus inicios y la “blanquearon” como habían “blanqueado” el Blues y el Jazz en sus momentos álgidos  y que se tocaban en las barracas de los negros y en sus tugurios. Se la había apropiado una sociedad dominante y siempre con el mismo proceso de la asepsia, como las canciones del Rock´n Roll de los primeros años en México en el que solo se quería bailar y mover las caderas y los pies y olvidarse del futuro desolador que a muchos les (nos) esperaba) pero luego se fue corrompiendo, contrastado con las ideas moralistas de la época y sin que nos percatáramos ya habíamos encontrado a nuestro líderes, nuestros nuevos Mesías que en mensajes simbólicos, nos comentaban que las respuestas había que encontrarlas en otras partes que no fueran los libros o las buenas costumbres, había que revolcar todo, y la revolución se iba gestando en nuestras mentes por medio de las vísceras, del estomago a través de los oídos, caminábamos diferentes y la nostalgia o la melancolía también era parte de una postura de cambio, como el desmadre de una tocada o el proceso místico del pasón, del “toque” de un cigarro de marihuana para sentir mas los símbolos y que las palabras se transformasen en colores y notas musicales sin ninguna connotación para los que no entendíamos nada que no fuera el momento sublime de sentir a todo el universo en un segundo y alargarlo en ese escalofrío que recorría todo el cuerpo, el sudor frío que provocaba la cannabis y los momentos aletargados al que se prolongaban aún mas para no recordar nada al día siguiente y volver de nuevo a la rutina con la conciencia de que el mundo que estábamos pisando también era nuestro.

En realidad al principio de esta revolución musical solo era bailar y escuchar la música como parte importante y trascendente en nuestras vidas, y como lo comentaba antes, la música gringa, la inglesa, ya eran parte de nuestra filosofía y todavía no sabíamos de las giras de Grateful Dead por Estados Unidos y su caravanas de Fans y sus inclusiones de las guitarras eléctricas o las copias milagrosas del sonido de los Beatles, de ese feed back que tenían los músicos de la vieja guardia como ellos y Bob Dylan y Kourack, con los de la nueva guardia corregidos y aumentados para llegar al sonido de la música más allá de los Chiffons, de Dion and the Belmonts, Boby Vinton,  Floyd Robinson, Vali, etc.

The Byrds habían comenzado tocar con esa armonía y acordes diferentes pero copiados de la música de los Beatles y tocando los temas de Dylan, mientras el Blues y el jazz se entregaban como amantes descaradas a ese nuevo ritmo que junto con el country o le Folk., se llamaba Rock. Al menos eso es lo que interpretábamos los cuates cuando nos dedicábamos a filosofar sobre la música y sus consecuencias en esas tardes de café en el que no necesariamente teníamos que hablar de mujeres o de Fútbol.

Definitivamente, cuando caminaba por las calles de Narvarte, Cuauhtemoc, Palenque, Tajín, Xola, Morena, Torres Adalid, Anaxágoras, Rébsamen, me sentía envuelto entre toda esta revolución silenciosa de la música, ver a chavos mas reventados que yo, con pantalones rojos o morados y blusas chillantes, colores sicodélicos, o los clásicos jeans, antaño pantalones de mezclilla, acampanados, vaqueros, etc. caminando despiertos, con sus zapatos de plataforma y sus sacos de terciopelo, al sonido de la ciudad, de las ideas, de los acontecimientos que se agrupaban y se desparramaban a la vez como una cascada de sentimientos y sensaciones que era difícil de atrapar por aquellos años y yo lo quería hacer en estos momentos.

Ver a las niñas con sus minifaldas o sus hots pans, caminar era todo un deleite que enriquecía más el cuadro que se estaba pintando en cada momento como un Happenning anterior al  concepto del “Performance” de estos años. Mientras estuviéramos fuera de la casa, el mundo era nuestro, como lo era en la escuela con algunos, maestros que entendían el cambio a través de las ideas de los mas aventajados de la época, lo fresa se confundía con lo “pesado” y todos cohabitaban en ese espacio.

Pero tenía que seguir recordando y me puse  a desempolvar mis discos viejos para acercarme  a los momentos, y mientras escuchaba “El parque la lluvia y otras cosas”  también me hacía feliz el recordarlo como si la lluvia me mojara el rostro y me hiciera olvidar de esta parafernalia de Oaxaca y la APPO, de la toma de posesión del presidente alternativo el 20 de noviembre, y la clausura del desfile por parte de la presidencia, de que mis amigos estaban lejos y yo me prestaba a recordar y recordarlos sin el parloteo de las pláticas cotidianas y las pestes sobre todo lo que oliera a López Obrador; me había desplazado a Veracruz para hacer un alto en el camino y solo, en mis caminatas matinales en la playa y los encerronas de música e Internet, no dejaba de ver las noticias diariamente para no alejarme tanto de los momentos que estaba atravesando el país.

Había renunciado a todo desde hace meses, ya era inercial mi rutina en México de todos los días y tenía que romper con muchas cosas que estaba deteniéndome, revisar el pasado para entender el presente, leer viejos libros que había dejado inconclusos, leer a distancia a los columnistas de los principales diarios, olvidarme de mis mujeres y de mi mundo confortable y seguro, hacer ejercicio terapéutico para poder alcanzar las horas de trabajo que me había propuesto alcanzar. Revisar viejas notas y quedarme con los recuerdos para reconstruir el tiempo de aquellos años en que fuimos gigantes y al vez pequeños ante la inmensidad de los cambios que se gestaron en pocos meses, años, y que nos habían dejado marcados para siempre a pesar de que nuestras vidas aparentemente habían seguido igual, comienzas a trabajar, no te gusta, te cambias, te enamoras, vives solo, te enamoras, te desenamoras, cambias de trabajo, te casas, te metes a jugar al clandestinaje, al hombre de corbata, al reventado y la película que seguía ahí, sin terminar y como “El discreto encanto de la Burguesía” o aún más Blow Up o Zabriskie Point, no entendíamos nada todavía de ella a pesar de los años perdidos de pláticas y café y lecturas y del psicoanálisis de las nuevas escuelas de Lacan o Reich.

Aquí me sentía a gusto, sin trabas ni presiones, leyendo lo que me impulsaba la investigación que quería hacer: el tema que quería desarrollar la búsqueda que finalmente estaba encontrando aunque me faltara mucho: La Narvarte como factor de cambio, La izquierda como estado de ánimo, la poesía como ayuda, la política y el amor entremezclado como la red y los peces, “el viaje” al pasado y al futuro, las peripecias Donjuanisticas de mis propios pensamientos que se gestaron en Narvarte, romper las rutinas como le diría Don Juan a Carlos Castaneda en Viaje a Ixtlán; todo esto y nada como un Oximorón bien construido.

Me encontraba escuchando a Neil Diamon en boca de los Monkeys con I´m a beleaver, soy un creyente:                                                         de qué? Y me acordaba de la poesía mil veces leída de Mario Benedetti que en ese momento solo creía en las nalgas de Miss Universo.

Volví a recordar a Andrea, mi novia fugaz de  piel canela, pecosa, hermosa como recién salida de un magazín, sentados ambos en una banca del parque de Pilares, en una tarde de verano tranquila y fresca de aquellos años en que todo era novedad, ella de blanco con esa sensualidad que atrapaban unas piernas bien torneadas y sus besos que me sabían a sal de mar, sus manos tersas que se asían a las mías como si estuviera deteniendo el timón del motor fuera de borda en la lancha en que atravesábamos esos días de felicidad instantánea, dejándola ir por que sí, solamente porque sí, con su pelo corto y el fleco que la hacía resaltar sus ojos  color miel con esa mirada que solo las mujeres que ya lo son, encierra todos los misterios que para un imberbe como yo no podía entender a sus 19 años. La vi un par de veces y después me la encontré en Poza Rica, de donde era, no pude hacer nada y era la segunda vez que tuve miedo del amor, de mi igual, aún no había leído el capítulo 7 de Rayuela en que Oliveira le decía a la Maga: Toco tu boca,  con un dedo toco el borde de tu boca , voy dibujándola como si saliera de mi mano…, porque lo que mas recuerdo de ella son sus besos y sus labios jugosos pareciendo morder constantemente los dientes nítidos, perfectos, blancos como el coral, cárcel amorosa de su lengua que como hermoso molusco me atrapaba en sus tentáculos, como ventosas en que mi sangre era chupada por una criatura del crepúsculo. Pero el porque me acordaba de Andrea era debido a que en una fiesta escondida por la calle de Esperanza en uno de los departamentos de un  edificio viejo,  nos decidimos a acompañar a Chuchín a una fiesta que un amigo de la escuela lo había invitado, sin ganas y cansados de saber que las fresadas de los Bee Gees con Yo comencé la Broma, Palabras o el famoso Monny Monny de Tommy James y los Shondels, así como alguna canción de  los Creadence, iban a estar tocándose y a nosotros como si nos aburría la música constantemente tocada por la radio, las cubitas en vaso de cartón, las caras de aburrición de los participantes hasta que alguien comenzara el rito del baile, la clásica postura de la chica que quería hacerse la interesante para después saber que no tenía nada que decir, pero eh ahí que se encontraban un grupo de niñas que no encajaban en lo que estaba comentando y que resplandecían de todo lo que les rodeaba, sobresaliendo , para nosotros, y ahí estaba ella, mientras Morris Albert cantaba Feelings, con un vestido blanco, que después sabría que casi siempre se vestía de blanco porque  era su color preferido,  mirándome tímidamente, no precisamente como un ratón asustado sino porque ella misma sabía que no encajaba en ese lugar, menos que nosotros o las primas con las que iba, sin embargo al mirarnos, nos quedamos como hipnotizados al sentir que nada más estábamos nosotros, y contra mi costumbre por la timidez que siempre he tenido en el primer contacto o acercamiento con las mujeres, motivo de mis años de rechazo en la secundaria por las mujeres que me gustaban, me acerqué a ella y no nos volvimos a separar en toda la noche. Me enamoré mientras los demás se habían borrado totalmente de nosotros. Y la fiesta aburrida de repente cobró aires de evento extraordinario, como si estuviéramos en la terraza del viejo hotel Mocambo, a la luz de la luna bañando el mar y pintando de plata la estela de las olas que acariciaban la arena como me acariciaba constantemente su mirada en ese pequeño escenario repetido de departamentos de clase media y burocrática de la colonia Narvarte. Nos hicimos novios sin ninguna pretensión que el querernos por unos días de verano en ese año de 1969 (o del 70?), unos cuantos días que se me olvidaron las clases, los constantes regaños en la casa por el solo hecho de ser de esa generación (ahora lo entiendo), los amigos que no me esperaban en la tienda o el café, o los libros de matemáticas que tenía que atravesar. Me acuerdo de ella también porque creo que fue la única mujer que no quise hablarle de política, ni de literatura, o de las soberbias propias de la adolescencia y la juventud, solamente caminábamos y comprábamos de vez en cuando un helado o nos tomábamos una naranjada ella, un café yo, en alguna cafetería de la colonia del valle cerca del parque de Pilares. Pero sin querer la comparaba con mis heroínas del cine en es entonces: Katherin Ross y Jaquelin Bisset con el pelo corto en la película de Bullit con Steve Mc Queen, la frescura era el ambiente que respiraba mientras caminaba con ella y le robaba un beso o una mirada llena de promesas que no pude realizar. Ella regresó a Poza Rica de donde era y solamente después la volví a ver, en su ambiente y yo desterrado desorientado al querer trabajar un semestre y cambiarme de carrera solamente por que no sabía en donde estaba parado ni a donde quería ir por la vida. Ya no fue mágico no la pude ver de nuevo, me encontraba en otro momento y su recuerdo era lejano y diferente en el momento de encontrarnos, sin embargo, juntos hubiéramos alargado esa historia de amor que nunca fue, era como la parte inicial de un mundo que comenzaba a cuestionarme por otros caminos, Melody ya había pasado, “¿Quien era esa niña con su cara llorosa  viendo por la ventana la lluvia? Y como Del Shannon cantaba: ella se fue y yo estaba caminando solo entre la lluvia preguntándome si iba a volver, en otros tiempos, otras voces, otras caras.  La inocencia se estaba alejando y yo recreaba ese momento escuchando a Demis Rousos cantando Goodbye my love, Goddbye.


How does it feel
How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

Páginas de mi pasado definitivamente era la canción que me definía por estos largos días y semanas en la que estaba atravesando precisamente eso,  Mi pasado como si fuera una recapitulación a la manera del ejercicio que le imponía Don Juan a su alumno Carlos para nunca mas volver a esas grutas que la movían todas sus angustias y miedos escondidos para nunca jamás regresar a el una vez que fuera borrado literalmente como si fuera una tabla rasa para comenzar a cada instante.

Crimson flames tied through my ears
Rollin' high and mighty traps
Pounced with fire on flaming roads
Using ideas as my maps
"We'll meet on edges, soon," said I
Proud 'neath heated brow.
Ah, but I was so much older then,
I'm younger than that now.

Cuando escuché a los byrds antes que a Crosby Still and Nash, antes que a Dylan y después de Peter Paul and Mary, comencé a entender esa increíble fusión que se gestaba entre lo tradicional (el Folk) y lo contemporáneo (Los Beatles o el sonido Beatle), no por algo, ellos habían copiado, junto al mismo Dylan el sonido que salía de la guitarra de 12 cuerdas de Geoge Harrison, por algo no podía desprenderme nunca de los Beatles ya que no eran ellos solamente sino que todos, es decir, el sonido California, antes el sonido Dylan con todos los antecesores monstruosos del country y del Rock, me iban a sacudir el cerebro cuando de vez en cuando y con dificultad traducía alguna de las canciones.

No podía, ni podíamos, decir que era lo mejor, cada canción o rola traía una pequeña dosis de bomba explosiva de la conciencia, música que reflejaba el sentir de tal o cual microcosmos en tres o 4 lugares puntales del planeta: Londres, New York , San Francisco, Chicago, Los Ángeles; y las otras Aldeas planetarias a la espera de la retroalimentación, del concierto de los nuevos sacerdotes, o del último disco grabado. Había varias consideraciones que no dejaba de asombrarme después de tantos años en que ellos ya habían pasado a formar parte del museo de los cronopios, la primera, la especial conjunción de circunstancias históricas que hacían mágico y revolucionario el de aquellos años: lo político, otra vez lo político como parte esencial de nosotros a pesar de la no participación directa, el consenso de la moral de los poderosos perneando a las mesas familiares de las nuevas sociedades urbanas cuasi provincianas, la resistencia a no aceptar el futuro y vivir el presente como una consecuencia trivial de las ideas de ese entonces sobre el existencialismo, la vida al instante, el happening, las ideas rebasadas de una cultura occidental que no podía ni quería extinguirse, con el acercamiento a otros puntos de vida distintos, raros, diferentes, como si fuera una continuación de un romanticismos social, adentrándose en otros modos de pensar que en lo individual ya estaba extinguido, Las culturas orientales e indígenas de Mesoamerica como nunca fueron puestas en la vitrina por muchos empezando con los Beats y sus viajes a México entre otros, Harrison y sus incursiones a la India. La polarización de dos mundos, el maniqueísmo de los malos contra los buenos que nos habían hecho pensar. El conocer otros mundo revestidos de poesía  y literatura por los mismos actores, (Zimmermann se conocía se había “bautizado”  Bob Dylan por el poeta Dylan Thomas y sus estudios en la Universidad), retomar la cultura popular que el Jazz y los Beats ya lo habían iniciado en ese largo y sinuoso camino de su propia filosofía, entre hoteles de pueblos perdidos y lugares sórdidos de los barrios pobres de Estados Unidos y Liverpool, entre los aullidos de Gislberg y sus búsquedas religiosa en el Budismo Zen, la importancia de la poesías etc. una generación cansada de guerras contra el “monstruo del comunismo”  a miles de kilómetros, las respuesta clásicas y contestatarias de una generación que se resistía a no aceptar el destino marcado por su condición socio económica, etc. En México teníamos nuestro propio Vietnam, nuestra propia rebeldía, nuestro 68, la copia de algunos rasgos de esa respuesta cultural  que se universalizaba como una reacción en cadena, salíamos de un cuadro “enmarcado” por la Revolución, una revolución que tampoco comprendíamos o entendíamos, a pesar del crecimiento de las clases medias (pero también de la pobreza), y no nada más con el sonido 13  y el trío matamoros, los boleros, el danzón, la música tropical, lo vernáculo y las películas de rumberas o las clásicas películas mexicanas en que el modelo era el hacendado o el junior, el pobre de la vecindad, “humanizado y con valores” el rico que se arrepentía y al final los modelos de poder paternalistas( El cura, el industrial ahora, el político) se autocorregían dando el toque de “no pasa nada” y seguimos igual, tan bien comentado y analizado por Carlos Monsivais, una de tantas tardes que perdía mi tiempo viendo la tele. Los nuevos líderes culturales quizá eran unos cuantos y no permeaban todo pero así surgió José Agustin, y los demás, como extensión de la cultura de los suplementos en los periódicos de aquel entonces que pocos leían. También la cultura estaba en la calle y se multiplicaba y crecía de boca en boca, y nos podíamos ver de igual forma en la tocada gloriosa de Canned Heat en la explanada de CU o en la tocada de los hoyos funkies de Neza y Tlalteloco o en Eugenia, pero nada esto era tan importante como la influencia que dejó la música en nosotros de una forma visceral como era el Rock, el alarido, el grito, el desmadre, el rompimiento como la película de Zabriskie Point, metáfora que no pudo delinear Antonioni, porque a lo mejor la faltaba ser de esa época, hubiera hecho lo que Jean Louc Godar con los Rolling, solo tomarlos, filmarlos mientras trabajaban, sin embargo, a pesar de la crítica había que aceptar que su metáfora era bastante buena para su edad (ya rebasaba los 40) y la música era de lo mejor, escrita por Pink Floid y algunos temas de Grateful Dead y los Rollin. Y el desierto como escenario natural de la desolación y el supuesto aislamiento de una generación que estaba entrando por la puerta grande, pero después de algunos años iba a votar por Reagan, así nada más.


Mary marihuana…

La poesía en la cultura sajona de los 60 definitivamente se encontraba en el Rock, si nó tendriamos que revisar algunas canciones de Cohen, Dylan, Dead, Beatles ( a pesar de lo simples) de Morrison quien siempre se consideró poeta, punto que no se cuestionaba, pero que a pesar de todo yo sentía que estaba mas cerca de Kourack y Gilsberg con su famoso poema Aullido (He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre, arrastrándose por las calles de negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche…)


Avándaro era el sueño de muchos después de saber de Woodstok y si algo había que escuchar era LA Revolución de Emiliano Zapata con Nastie Sex me encantaba, y para nada le hacíamos feo, al contrario, producto sien por ciento jalisquillo como Santana, era un sonido que quería recordar a Grateful a Ten years alter y al mismo blind faith pero era tambien ellos y Santana, ellos y Canned ellos y nosotros, como puedo recordar Avándaro si no había ido? Ni que fuera el mago Septien narrando un partido que no veía, sin embargo, la euforia, la antesala del concierto, los preparativos de todos nosotros, los cobertores enrollados o los “slipins”, las cantimploras y los dos cigarros de mota dentro de los calzoncillos por si nos atrapaban, el permiso de los papás, en fin toda la parafernalia de antes del concierto nos inundaba con singular alegría de haber entrado a la onda con  nuestras propias raíces ¿copiadas? No importaba, éramos ya parte del suceso y habíamos muchos que también tomamos las calles años antes mentándole la madre al sistema, nos gustaba esta forma, era por fin parte de nuestras entradas al mundo, la marihuana, los viajes en hongo y peyote y Carlos Castaneda solamente lo leían unos cuantos por esos tiempos, los privilegiados, los que estaban un punto mas arriba que nosotros, la élite de nuestra generación, los propios escritores y traductores. (no había sido en Narvarte en una reunión con Juan Tovar y Parménides que José Agustin hablaría después de ello?)  la envidia de la buena porque nó? Y sin embargo todo este rollo era de nosotros  sin exclusividades, todos nos habíamos convertidos en cronopios sin excepción, después vendrían los comentarios y los anécdotas de Mundo y el Memin, de Ulises y el Abuelo y todos los que estuvieron en esa tocada que nunca pude llegar y que a pesar de que lo habían filmado (Luis del Llano) no salía nada por esos días del festival. Avándaro resultaba siendo un paréntesis para algunos y el flolklore del rock para otros y un dolorcito de cabeza por las “buenas conciencias” del gobierno y su censura y sería como esa inquietud de ir a la tienda todos los días porque si no nos podíamos perder de algo trascendente en nuestras vidas pero que aparentemente nuca pasaba nada, años después me daba cuenta entre sentimientos de culpa y rescates culturales y filosóficos de mi postura existencial ante la vida, que en realidad si era parte esencial de mi deformación cultural y social. Avándaro también había sido el recrear las voces fregonas que sin ser Robert Plant sonaban casi igual, el grito y el Hard Rock, el Huaca Rock bautizado años después por Botellita de Jerez y el grito comko parte fundamental de nuestra metáfaora única y representativa (paradójicamente así se había llamado el famoso documental que veríamos por los cine clubs dela Facultad, sobre el 68 del chingón de Leobardo Lopez y los estudiantes del CUEC y Alfredo Joskowicz, que en verdadera paz descance y con la gratitud d e habernos dado ese testimonio gráfico de lo que intentamos cambiar por esos tiempos, a pesar de yo era un simple borrego aprendiz) pero el Tri ya estaban haciendo historia (tree soul in my mind se llamban en ese entonces cuando los vi en la pista de hielo Revolución con los Dugs Dugs otro grupazo de aquellos años) y explosión ya que después de Avándaro, durante años y décadas,  iba a manifestarse como verdadero exponente de un Rock mexicano sin la plástica de otros grupos pero con la originalidad del pensamiento de todo el lumpen mexicano, verdadero protagonista de lo que fue el Rock después, aunque para algunos era tan solo una muestra de lo que no se debía hacer, cuestión que no compartía, recuerdo que el domingo en la tarde, con unos pantalones de gamuza blancos, unos zapatos “Canadá” tipo mocasines redondos a l puro estilo de Liverpool, una camiseta beige y un saco jaspeado amarillo, mientras la misa de las seis se estaba dando en la Iglesia de Cumbres, esperaba a los cuates mientras tomaba la consabida y mencionada “coquita”, gusto que desgraciadamente me convirtió en adicto, mas que la marihuana en esos tiempos, lo fresa no se me podía quitar, lo sabía.

( Oye cantinero sírveme otra copa por favor, quiero estar borracho yo quiero sentirme de lo peor, quiero tomar mucho , quiero tomar mucho para olvidar, oye cantinero no te hagas del rogar, yo se lo que quiero y me quiero emborrachar, pues la mujer que quiero con otro se fue a bailar…óigame señor, yo a usted no le puedo servir, este manicomio no tiene servicio de bar y no soy cantinero soy el loquero de este hospital )

Los grupos que habían tocado en Avándaro eran: Dug Dug's, El Epílogo, El Ritual, La Revolución de Emiliano Zapata, Tequila, Iguana, obviamente Javier Bátiz, Peace and Love, Love Army, Spiders, 39.4, La Vida, David y Goliath, Oz, División del Norte, La Tribu, Mayita Campos Los Locos, Freedom , de ellos conocía aparte de los Dug Dug´s y el THree  Epílogo ( que se llamaría Epílogo 33 según el cartel que lo anunciaba en alguna de sus tocadas) y el Ritual que me gustaban bastante y los escuchaba en un cafecito de Juanacatlán  cuando fuimos a ver, toda la flota de Narvarte, a los amigos de mi primo Raúl, Los Fratelos, también se encontraban los grupos de Peace and Love y Love Army y quien no conociera a Javier Batiz ( El Zappa Mexicano)… en fin, a los otros nunca los oí hasta que tuve en mi poder el disco pirata de Avándaro. En realidad eran fusiones y copias de muchos grupos que escuchábamos pero con una buen calidad de interpretación en su mayoría (no recuerdo quien tocaba la flauta transversa pero se escuchaba bastante bien y sin copias, pero los sonidos de las trompetas no le pedían nada a Chicago ni a ningún grupo que los utilizara o al propio Santana que fue bastante copiado en esa rola por la guitarra).

El ácido era todo esto y no necesitaba ingerirlo, mentira que lo necesitaría para poder ser “Watusi”. Era Rokero por esos tiempos en que la música alternativa y la latinoamericana se estaban colando en mi tiempo político, el Jazz mas puro esperaría después y la música clásica o culta o de conservatorio como le denominaban varios, siempre estaría presente en su mas pura expresión o en el Rock progresivo, toda esta revolución de la cual no he comentado algunas cosas y otros grupos mas a fondo, me removerían constantemente las estructuras y la compartiría con toda la flota y todos mis mundos: el de la Universidad que me había introducido aceleradamente y sin las notas de la radio, el de Narvarte, impresionante, y mis amigos que había dejado en Veracruz y Minatitlán y bueno, Coatzacoalcos con el Betus,  y su hermano fresa y reventado a la vez el de In a gada la vida, ya estaba aquí igualmente, como  Raúl y todos su mundo instantáneo de Coatza, que llegaría después a bailar al ritmo de los Fratelos en mis vacaciones.

¿Qué pasó con lo que dijo? ¿ya tan pronto se olvidó?... Lora  sí era representativo a pesar de lo que alguna página de Internet dijera lo contrario… prefiero en mi cerebro caminar… como comentaba que lo hacía por las calles de Narvarte (oye cristo no regreses, no te vayan a rapar, …)

Algo que también me gustó del Rock mexicano fue la forma que fácilmente se acomodó al Blues (“que no es lo mismo pero es igual”) quizá porque ese ritmo viene de lo mas profundo de la opresión y nosotros, los otros, nosotros y los de entonces y los de enfrente y los de a lado, lo que no y los que sí, todos estábamos reprimidos de igual forma.

Y donde quedaban los Everly brothers mexicanos? Los Hermanos Carrión? Bueno, ellos me gustaban porque eran buenos cantando cobres, los que interpretaban con un sonido muy de ellos y no podía negarlos con todo y sus letras o sí?.


Las mujeres rokeras, las reventadas, las fans, las groupies, las hippies, tenían que esperar unos dos años más para que las pudiera asimilar, sentir, amar y olvidarme de todas las fresadas de nuestras primeras experiencias amatorias que no sexuales…

Ellas eran las compañeras de mis cuates, las amigas incondicionales, pero nunca las novias… sin embargo soñaba y soñaba.


Diane Luter, la bruja del desencanto…


Diane era una mujer de ojos azules, pelirroja, regordeta dentro de su falda café de flores amarillas, con huaraches mexicanos, pecosa, con una mirada profunda y curiosa, sin hablar nada inglés, algún amigo me la presentó en la sala de la casa de mis padres en algún lugar suburbano del Sur de la ciudad,.nos fuimos al centro en donde ella se hospedaba, por algún hotel viejo de la ciudad en la que podían aceptarle a su perra, sin raza y castrada, color miel, las pocas veces que podía comunicarme con ella era con la mirada porque mi inglés era muy defectuoso sin embargo ella me entendía con esa complicidad de “enamorar algún nativo de esta ciudad todavía provinciana a los ojos del mundo, mágica y misteriosa, y contrastante. Me presentó a un amigo de viaje recién desempacado del servicio militar en Vietnam,  a pesar de que me gustaba demasiado Diane y había una cierta complicidad de momentos futuros, ella se interesó por presentarme a su amigo de viaje como ella le decía, aparentemente mas joven que ella. Pero Diane me recordaba a la Janis y a San Francisco, ella me comentaría después que era de ahí, precisamente, con la promesa de vernos en la noche siguiente en ese lugar y que debía “pasear” a su amigo nos despedimos con un beso de gargantas profundas y un tremendo peñizco de nalgas que me proporcionó , la primera vez en mis años primeros de encantamiento erótico al ritmo de un blues que se dejaba oir por la puerta entreabierta de su cuarto, después de que nos habíamos tomado un par de cervezas, mi amigo, su compañero de viaje y yo ante la mirada tranquila y apacible de su perra (que la había castrado para no tener ninguna sorpresa en su viaje Kourackiano por las carreteras de México).
Esa noche no pude dormir recordando ese beso en que las lenguas eran los únicos actores sin la presencia inoportuna de los labios, era otra forma de besar que no sabía, era el libro que tenía en su buró, muy representativo de un cuarto viejo y amplio, en que las calles del centro se dejaban aparecer sin los vestigios del México de las películas de Rumberas o de las manifestaciones, solamente las calles silenciosas del centro mas viejo de Mezo América, el mas representativo de todos los fantasmas que lo antecedían y sus leyendas y la Colonia y antes de la llegada del hombre blanco y barbado como barbado estaba su amigo (Mike se llamaba) flaco y enjuto con esa sonrisa de idiota que solamente la comprendí cuando yo también salí del país y no me daba a entender tan bien  igual que él.

Al día siguiente le hablé a mi iniciador de los “viajes” a mi buen amigo “Mundo” que en ese entonces se encontraba enfrascado en su dialéctica con los Rolling´s , mientras yo me apresuraba a escuchar lo poco que tenía de la Janis para asociarla con esa criatura que me había convertido finalmente al “underground” a la liberación cósmica sin saber en ese momento de que se trataba Tarántula escrita por uno d e los grandes Gurús del Rock, de los Derechos Civiles, de la Poesía gringa, de  mi amor naciente y fresco como la noche del centro, en que las miradas se bombardeaban hasta llegar al infinito al descubrimiento de mi sacerdotisa sin quere en un lugar olvidado y anónimo, accidental y familiar de una casa que me atosigaba con su arquitectura serial de colonia suburbana, templo clasemediero del arribismo, receptáculo de la freses, paréntesis de mi vida, puente entre la Narvarte y la Nápoles, resistencia de mis días narvartianos, furia de la desolación, espacio de las lecturas de Proust y Rayuela nuevamente, el último año del Rock, el preámbulo de su muerte, la anticipada ceremonia de la iniciación a las entrañas de la religiosidad ancestral, la defensa racional ante los fantasmas del inconciente colectivo, en fin el oasis de mis largas noches de espera y lectura de todo lo que estuviera a mi alcance para ahogar la tristeza de desarraigo del cambio de escenarios.

El norte, los vientos con lluvia en esta noche ya de otoño, me traían los recuerdos del tiempo presente y me preguntaba en que puto lugar se encontraba mi amigo Mundo, cuando la última vez nos fuimos a reventarnos a otro lugar igual de fresa que el Sur en que vivía, La colonia Florida, cercana a Echegaray, esa noche, en que me acompañaba a una fiesta cursi y familiar fue la última en que nos encontramos y nos despedimos como si fuéramos a vernos al día siguiente, con las traiciones de nuestros respectivos amores de esperanza y compromiso, de una vida nueva que teníamos que buscarla en realidad adentro de nosotros mismos, en otros lugares y en otros tiempo, ya habían pasado varios años en que la terraza de su casa nos había servido para darnos el último toque mágico a la sombra de los Rolling que no sería como ellos porque me recordaban mis inicios mis momentos contrastantes de  todo y nada que era nada solamente ne ese paréntesis de la preparatoria en Veracruz. Finalmente regreso a ese momento en que salimos con Mike a los jardines de Cu para echarnos un Chubi que no entendería nadie porque los tres, Mike el gringo, Mundo y yo estábamos desconectados en tres tiempos diferente, yo tenía el tiempo del amor, Mike el del olvido y Mundo el del hastío que quería olvidarse de aquellos tiempos en que era el mítico personaje que rompió esquemas en mi vida cuando en el cuarto plagado de postres de todos los músicos del planeta (los importantes e imprescindibles de esa época,) estaban vigilándonos en el rito de las viseras y las sensaciones diferentes o normales en realidad de esa época qie se había esfumado mientras quería recordar cada instante de los momentos en que solo respiraba Diane, Diane, Diane, terrible bruja que me chupó la sangre hasta dejarme igual que ella, desterrado, auto exiliado como Joyce, perdido entre sus nalgas y sus manos callosas producto de su oficio de artista de escultura de chatarra….

Ese día fue de un viaje total y solitario, mientras lo único que quería es que pasaran las horas para ver a Diane en su “lugar” tan extraño para mi como cercano a ella, después de darnos un tremendo toque nos fuimos al departamento de Mundo a seguir escuchando la música que nos platicaba y entre tragos de “Orange” y el disco de It´s Only rock and roll but I liked… pasaron las horas en un viaje en el que tres almas solitarias nos identificábamos con la misma soledad y el aislamiento, por mis oídos y mi cerebro solo sentía la música de Janis Joplin y su Mecedes benz.

Después de percatarme entre mi incipiente inglés y el viaje cómplice don la mota de que Mike no tenía nada que ver con Diane, me dispuse a su encuentro…OH Dios mi vida! Mi sol, la luna que se balanceaba sobre la laguna de mis pensamientos, de mis terribles momentos anteriores al despertar a la iniciación del valeroso, del que no quería morir porque era demasiado joven como la canción de Jetro Thull y demasiado viejo para rocanrolear quizá cuando ya la música latinoamericana estaba haciendo casquillos de arena en toda mi filosofía narvartiana.

Llegué a su cuarto para ver si salíamos a algún lugar, en el metro por supuesto, o algún taxi esperando, pero ella tenía una botella de vino tinto de Los Reyes, el pero vino tinto mexicano que hubiera deseado tomar y un cuarto de queso fresco en ese biró en que el libro de Tarántula me repiqueteaba en mi cerebro como si fuera el símbolo de lo que estaba perdiendo y ganando: A Diane mi bruja, Diane mi sacerdotisa y que desnudos iniciamos el rito del amor y el erotismo en que el sexo era el conducto, el medio paraq trascender y rebasar lo cotidiano, la historia misma y haberla regresar en esos besos que se quedarían detenidos en el ambiente ante la mirada complice de el unjico testigo: Layla como la canción de Erick Clapton, Layla la perra castrada que muda y silenciosa nos dab permiso par a conjura por primera vez al sol de las 11 de la noche.

Sus piernas se enredaron fabulosamente a mis espaldas, nos entregamos a un rito de sus antepasados vikingos, como me había comentado ella y Odin nos protegía mientras sus ojos azules, terriblemente azules me detendrían por todas las noches en que no estaríamos y tan solo recordaríamos ese momento de besos y caricias mudas de iniciación de sentirme hombre y sentir a la mujer que materializaba todas mis noches de Rock y de poesía y de rebeldía y de respuestas sin preguntas en el momento de caminar somo si nada por la scalles de una ciuda que cambiaba como si no me percatar que los momentos se estaban diluyendo y Narvarte como pez silencioso se me escapaba d la s manos, mientras Me and bobby Mc Gee se seguía escuchando en el beso y la venida cósmico que me permitió tocar sus nalgas como si fuera lo mas sublime del mundo, besarla toda, saber que nos comunicábamos con otras formas mas allá de la literatura o dell lenguaje hablado, mas alla de nuestras propias realidades, ella desarraigada a gusto por las calles sinuosas  y empinadas de San Francisco, yo olvidando Tajín y Rébsamen y Ciudad Universitaria y Villa Coapa y Vibraciones y mis amigos, tan solo ella y yo que nos desvanecíamos entre los cuerpos para tomar de vez en cuando u poco de ese vino amargo y corriente que nos sabía a gloría mientras el amor recorría por nuestros cuerpos, ¿el amor? O el rito? La iniciación de la aceptación de que en realidad era diferente igual, anónimo, extraviado en ese universo de ojos azules y senos rosados, de espalda perdida en la inmensidad de una metáfora que me compartía entre las calles de un México que no conocía y otra ciudad que nos había dado un “toque diferente”

Cuando ella me platicaba que era divorciada, de un “analista de sistemas” oficio naciente por aquelllos años, escultora de chatarra antigua y venía a México para encontra lo desconocido y estudiar pintura y ver a un amante millonario que lo unico que le caía bien dse el era los viajes y las comidas que le patrocinaba, me di cuenta que era el amor de mi vida, que no la debería dejar escapar. Hicimos el amor dos días seguidos, hablamos de tantas cosas que no me acuerdo, nos encerramos entre esas cuatro paredes durante 36 horas y solo comimos queso y tomamos vino y fumanos e hicimos el amor y me habló de Bob Dylan y su arte, me habló del ambiente de San Francisco y del sexo y de las ganas que quería seguir viviendo de esa forma y de la perra que la acompañaba como fiel compañera y que Mike le dio un poco de ternura y por Monterrey lo invitó a que siguieran juntos, de sus abuelos suecos, y sobre todo del Fol., era una fanática de la música Fol. Y Bob Dylan y lo s Byrds y Crosby, y entre besos y besos por sus piernas redondas y elásticas aprendía que el amofr no tenía nada que ver con mis miedos, con mis timideces o mis envidias, me estaba preparando para no se que y decidimos entonces, después de una conversación entre mudos y ciegos y amorosos a la manera de Jaime Sabines y de Diane, a la manera de San Francisco y California, a la manera del centro de l ciudad y Narvarte y una casa que no me gustaba y mis estudios hechos añicos ante la magia de algo que no podía mas que sentir, decidí presentarla ante mis amigos, ante mi amigo exclusivamente como símbolo de todos ellos y es que entonces esa bruja blanca y no barbada, erótica y cachonda, dilce y majestuosa, me acompañó a Narvarte y llegamos a la cas de Ulises mi amigo mi hermano, mi igual, quería compartirle mi loco y desventurado amor, subversivo como los manteles cuadrados del café de San Angel en que nos reunimos después de nseñarle las glorietas y la tienda y Xola y platicarle que en todas las ventana HEy Jude se asomaba como si fuera una niña perdida y encantada por el momento de la búsqueda en todos nostros yfuiemos a la Peña del Condor con Ulises para enseñarle otras cosas diferentes y me recordó que en San Francisco había cafés y mesas parecidas con las lamparitas tenues y esos manteles rojos y cuadrados y ella radiante y amorosa solicita y amigable con mi amigo atenta a mi, me reclamaba que ya era tiempo para dormir después de hacer el amor nuevamente antes de que emigrara a San Miguel con la eterna promesa de que se quedaría conmigo si yo lo decidía y eh que no supe que hacer y después de recibir una postal de mi amorosa y hermosa bruja nos salimos a encontrarla después de un recorrido por el Bajío y Michoacán (que no es lo mismo?) y Antonio Machado y la noche en San José Purúa en que nos atascamos, mas bien se atascó el bocho de Ulises y el viaje largo antes de encontraba en San Miguel pero nunca, nunca jamás a pesar de esa magia del encuentro con ese pueblo pintoresco la volvería a ver y quedé mutilado, nunca volví a ser el mismo, pasarían otros amores mas intensos , mas profundos, mas honestos mas aventurados, condujeres mas hermosas, casi  adolescentes a sus 18 años o a sus veintiuno, con mujeres mas experimentadas, con lagartas y Lolitas, con colegialas y amas de casa, con fantasías y fantasmas pero ella Diane sería el pez que siempre se resbalaría entre mis manos, el momento que me determinó, que me bautizó, la diosa de todos mis deseos, la respuestas de aquellas preguntas que con tan solo una mirada de ella podría seguir adelante sin que me contestara nada, solamente su mirada que se me quedaría grabada hasta estos momentos en que seguía buscando el hoyo negro, las singularidades de lo que alguna vez, cuando niño quise encontrar en una sal de cine, en una fuente mientras el bote flotaba y los pájaros cantaban ese himno a la vida que encontraría después en Diane y todas las canciones que me harían llorar después de veinte años, de treinta y el viento me lo recordaría incesantemente.

Se había acabado ese momento en que pude soñar que todo podría ser diferente y las circunstancias otra vez las circunstancias me harían olvidarlo.
















James Taylor me gustaba desde que Fire and Rain había salido al mercado, pero You Got a friend le había dado un significado diferente, un nuevo constante que la versión original de la que había sido su esposa o al menos eso creo, siempre consideré demasiado fresa a Carol King aunque me estaba adelantando a le época, y dejaré para después que esta canción nos platique de otros momentos.




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