jueves, 30 de abril de 2020

Diálogo de un ocelote y una bruja…


Tu que eres...


                                          Imagen tomada de Wikipedia


Perdida estás cuando no alcanzas a sentir que eres parte del águila...


“…tu eres pájaro y no animal, ni planta, posiblemente pez o lirio y a veces alga que espera
ser descubierta pero nunca desierto, piedras, arena sin mar o lluvia, siempre gaviota, rocío, tormenta o nieve que purifica otros continentes".

 
Zarza y centella tormentosa, 
sí, tormentosa de pasar por el mundo; 
sin embargo depositas en el tus estados escampados 
la serenidad y el espíritu indomable
dibujados en tu cuerpo



Nunca dejes que emancipen tu territorio en aras de la conquista
porque al ceder las murallas de tu último baluarte
no es para sentirte dominada
al contrario
es para encontrar la libertad
y que entonces las fuerzas externas que empujan y presionan
no sean la conquista irremediable de tu cuerpo
sino la parte dominada por tu alma.


El universo entero siempre está confabulando
en medio de la nada
un haz de luz hechiza
no hay nada espontáneo
no hay nada dibujado
solo el evento del conjuro
como un halo de amor en el vacío
refleja la respuesta en el espejo;
los que sabemos que el azar no es un principio
ni el infinito tiene muerte
solo un concepto
una idea
un instante en el tiempo que no existe,
los que sabemos que no hay historias diferentes
ni planetas alineados para el festín con que el misterio
nos sorprende,
ya lo sabíamos
no estaba escrito
pero ese instante que se convierte en crucigrama no resuelto
esa punto de apoyo ayudado por la nada,
es la revelación que se abre a nuestros ojos
como un conejo cegado por la luz de un auto
en una noche que perdió el camino
la pérdida
el abandono de nosotros mismos
es imposible
aún muertos sabemos que jugamos
aun perdidos en el juego de la vida
aún queriendo ser solo polvo
partícula inerte del cosmos
nosotros los que entonces perdemos
no ganamos
ni morimos
ni lloramos
ni reímos
sabemos que somos parte de la fábula
parte inmensa de un mundo muy pequeño
pero que cambia el orden de las cosas
y nos vemos reflejados en el otro ser igual al otro
en este laberinto de planetas y de cosmos
de vacíos entre astros amorosos
llenos de imágenes que esperan su partida
en ese haz de luz generado por la nada
en el propio conjuro de la muerte
en los mapas no dibujados de la noche
en esas tardes en la espera de la lluvia
y de un pensamiento solitario del otro lado del espejo.

A veces cuando creemos que ya hemos visto todo
y por lo tanto nos sentimos derrotados
llega el momento inesperado del rito
y en las brazas encendidas de una hoguera muerta
surge el soplo del brujo
el beso del nahual que nos revive
y el fuego es solamente fuego
que fluye por las venas
como el orgasmo generado en el silencio
haciendo el amor en el espejo.

¿Quienes somos lo que en si estamos condenados
a vivir en una larga nota en sol,
con el soplo de los ángeles
o el silbido del chamán encadenado
en medio de sus brujas preferidas?
el lobo triste y solitario
llorando en el amor del abandono
aullando en el grito del silencio
mientras afuera de la cueva
el sacerdote enseña
y espera
a la dama escarlata de las sombras
como que sabe que en ella hay luz guardada
de alguna estrella rota
quebrada por el canto tranquilo de la nada.


¿Quienes somos si no nos vemos reflejados en el otro?
si no una larga sinfonía del despojo
un pequeño salto de un nivel a otro
la parte necesaria del teorema
el lenguaje corporal del viento
el susurro prolongado del deseo
la parte olvidada de nosotros
la otra parte del poema que se lee
en tus reclamos
por el cuerpo abandonado del ausente,
el laberinto
la encrucijada
la parte amada y olvidada por nosotros mismos
nuestros cuerpos alguna vez perdidos
en la mente del otro y en sus manos
el recorrido místico en medio de tus piernas
el oráculo encendido del deseo
el manifiesto secreto pronunciado por tus besos
la conquista inútil de los cuerpos
humo y copal al mismo tiempo
sacrificio en el año del venado
astro taciturno que nos baña con sus cantos
necesidad de ti,
del otro,
de ti.
Saber sin mácula que empaña la mentira
como el agua que distorsiona el llanto
cristal que difracta la metáfora
patíbulo del milagro pronunciado
y puntos suspensivos del suspenso.

Nosotros los que entonces somos
seguimos siendo la parte del misterio
no solamente dos cuerpos lejanos
ni dos corazones solitarios
somos el dialogo, pero también el verso.



Nosotros, los que hicimos el verso
ya no somos,
nos pertenecemos.

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