sábado, 15 de octubre de 2016

Sin vos





Siempre que me tocas el mundo cambia...


Se amontonan en el silencio las palabras que nos dijimos,
se me atragantan con el discurso matutino
de los seres mágicos y alados.
Se diluyen por mis entrañas con los tragos del café,
preparado con las sílabas de tu nombre y el olvido
de unos versos que se quedaron perdidos entre sueños
y fueron dibujando tu rostro y el contorno de tu cuerpo
hasta dejar solamente el terrible desconcierto de tu ausencia.


Ahora despierto y me despojo de un fuego encapsulado.
Los sonidos cotidianos de una mañana de otoño sabatino
acompasan el canto de algo llamado amor, razón de ser
en cinco movimientos con una suite de sexo y de dulzura,

La terrible necesidad de tenerme   siempre contigo
con los momentos donde nos fuimos desnudando
hasta quedar abrazados en el imaginario del deseo
y ser solamente nosotros,
los que siempre nos tuvimos para no morirnos solos
y así resucitar en nuestras bocas.

La magia, el café, tus ojos (y más tu boca milagrosa),
me rescatan para dejar de reflejarme en otros ojos
y detienen la espiral de esta vorágine de espejos
que me degluten en el remolino de los días sin vos,
es decir, cuando no te siento, ni te pienso, ni te leo,
es morirme lentamente en la rutina de lo improbable
de saber que un día cualquiera, sin despertares mágicos
rodeado de páginas rojas y seres abandonados de sus sueños
deambulando entre la indiferencia de las sombras…

Amaneceré inerte, despojado de mi sin darme cuenta
y entonces seré como los otros seres que no te habitan,
un fantasma más sin ti,
sin mi
sin todos los nosotros que un día fuimos.



jueves, 22 de septiembre de 2016

Aleph 0





Camino por la playa y veo el mar imponente
como una metáfora del universo,
el concepto de Dios en mis alforjas,
ese Todo y Nada
y la oración diaria que me hace recordar
a una querida hermana que lucha
contra una enfermedad que no perdona.

Quiero guardar las frases que el horizonte provoca
y así retener el poema construido con la arena.
El infinito se aparece
reflexiono ese momento de la historia
cuando Aristóteles lo descifraba
y en algún discurso lo bautiza
 con las aguas del mar Jónico  
para perderse en el Egeo
y así cambiar de dimensión
con el transcurso de los siglos,
 transformado en sí mismo
agazapado en miles de ellos   
en el rincón Borgiano del Aleph cero

La vida es una rejilla que difracta la esperanza
en un suceso dividido en dos eventos simultáneos
fundamentados en las reglas de un juego de azar
entre una metáfora y un teorema.

Tomo una imagen del mar y la mañana
detengo el infinito en un instante
un infinito en otro como cascada de bullicios
o una porción de la memoria que ya es recuerdo
laguna de silencios en medio de la nada.

Me olvido de mi amiga, del poema y de mí mismo
y el poema se borra en mi memoria,
sólo me queda esta sensación de otoño primerizo
y un estado de ánimo desarmado.
El mar ahora es solitario e indefenso,
una variable en la ecuación de la existencia,
el móvil para creer en dios la nada y todo,
un tropo requerido para un verso,
el pleonasmo para sentirme vivo y muerto,
vuelto a nacer, morir de nuevo
en este interminable dialogo de espejos.

Afuera de este discurso “Cantoriano”,
el mundo sigue reafirmando a Hubris
y yo dentro de él,
huyo por esa rejilla de infinitos,
me difracto y así me multiplico,
detengo el tiempo
camino hacia la vida
escucho su latido
divago y muero
nazco de nuevo
me pierdo por el día
hasta que otro pensamiento me descubra.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Amanecer en Palenque






Me desperté una mañana bajo la sombra de Palenque.
Una canción de Silvio se difractaba con el sol
y la verde humedad de la tierra.

A lo lejos, el silencio inaudito de los templos
eternamente custodiados por los señores gobernantes,
desde K'uk B'alam el señor de Toktan hasta Janaab' Pakal,
me recordaban que el tiempo era una porción de infinito
en el centro de la Historia.

martes, 6 de septiembre de 2016

Recuerdos dodecafónicos



 Me despierta el olor a lluvia el ruido de los gatos
el aroma de café y el silencio de los pájaros
en tiempo de escampado que filtra los recuerdos.

En días como hoy
cuando el sol se desvela me cansan los años
como si me abandonara de ánimo y espíritu,
como si el tic tac del reloj dibujara con arrugas
un calendario de instantes:

Un sextante que mide distancias estelares
cuando tu cuerpo y el mío, ahora en años luz,
eran separados por una frontera diminuta,
 
un marcapasos de infinitos incrustado en las paredes
dentro de un cuarto en naufragio por los sueños robados
a tus años de otoño en tiempo de cosecha,

como en esa ocasión que construí catedrales
y me obsequiaste los oficios paganos de tu cuerpo,
para que pudiera mezclarlos con palabras de amante,
el sudor de nuestros cuerpos y   así fijar tu mirada
en un cuaderno pautado para escribir tus silencios.

Entre sorbos a un café recién tostado
con olor colombiano y sabor veracruzano
el cuadro en mi memoria pierde la perspectiva
de un instante en Yosemite entre mis brazos
y fui aprendiz de monje en el ritual de tus senos
y el amor nos salvó de quedar en el olvido
y escribió en nuestra biblia el origen de las cosas,
mientras afuera poco a poco se aclaraba la vida
y el sonido del trueno presagiaba tormenta
y es que fue en el final,
una tarde lluvia con tu pelo cortado,
que dijiste, “estoy triste, ¿sabes?”
y la lluvia me lloraba
y yo le lloraba a la lluvia
a tu espalda
a tus manos
a tu boca de huelga
y tu cuerpo robado
a tus ojos
tu piel
tu mirada, …

El café se ha esfumado
 entre tragos de olvido con sabor a recuerdos
y la lluvia, el aroma, la ausencia del trino
el sol derrumbado
y este silencio encerrado
con tu cuerpo y el mío
también se me han ido
y con estos instantes lo clavo
lo fijo en mi muro
y cuento los días y los años
y la vida y las muertes
que estaremos de nuevo amarrados
a un noray invisible
como un barco en espera
y volver a encontrarnos de nuevo
cuando abra el cajón de silencios
entre aroma a café bien tostado
y la ausencia del sol y los pájaros
y el olor a escampado