jueves, 9 de mayo de 2013

La nada y los pájaros (apuntes para Narvarte)





En medio de este solar impresionante mientras la mañana se desvanece con los grillos y tres hombres para aplacar el hambre los devoran en un sartén armado con una lata de manteca; con un frío calado por mis huesos y un cielo despejado convertido en manto del Ajusco, veo pasar cinco décadas y como si pasara una docena, no hay pardos viajeros ni cantadores provincianos y a pesar de un kilómetro cuadrado sin cemento esta sensación de ausencia invertida por el todo se llega a despoblar de los recuerdos tiempo a verso.



No se ha quedado un instante sin mi nombre despojado, ha crecido la angustia, la soledad, el amor; la calma y el cabello se ha tornado de un color
mas argentino; se ha perdido en el vacío de mi memoria cada terreno, una a una las piedras lanzadas a los aires para espantar a las criaturas que se llevaban nuestro sueños o la tarde.

Se ha borrado en mi memoria esa mancha de edificios gestada en la oferta y la demanda. La escuela, los retornos entre cables sosteniendo los tranvías
lugares de descanso, las milpas cada cuadra y los que siempre cuidaban los terrenos, se han ido, cuando entonces tampoco podíamos impedirlo al imaginarnos el futuro  con el mismo escenario.

Continúan otros nigromantes de mi corta travesía a llamarme por mi nombre por todos estos años; a conocerme, según ellos, con un rato de intercambio, una partida de ajedrez, el bote pateado, la reunión de unos vecinos al compás de la anarquía, el aprendizaje de los besos y el amor sin prisas.

No hay remordimiento al apagar con llanto sus ausencias o mitigar con el recuerdo las esperanzas muertas y a medida que la ciudad cambiaba de escenario, otras ciudades desvestidas de la magia, se apoderaban del sexo y la poesía, se jugaban otros juegos para poder llegar a ser gigantes, intercambio de autores entre tazas con un café sin tueste, marchas silenciosas e interminables por el paseo de la Reforma, reunión de disidentes con el gastado bote de los juegos en la esquina, historias de otros hermanos muertos al exigir el cambio, que fueron aplastados por la misma maquinaria que presagiaba el progreso; las cárceles para los apestados, los que podían pensar o rebelarse ante el tirano, la forma diferente de besar  en la plaza a tu pareja, el grito del rock con otros gritos confundidos al perder nuestra inocencia, el engaño de los años y el retrato de un rebelde, la locura, mejor el nombre repetido para subvertir al verbo y luego el exilio, la hipocresía del discurso demagógico que de igual forma encierra al disidente.

Los lugares de intercambio en Buenavista por la música deseada, largas caminatas entre pasillos reducidos con libreros en lugares especiales, otras formas de consumo para idénticas formas de vida en coincidencia y después las oficinas, los papeles dibujados con diagramas vetustianos y caducos, los inicios de un progreso para un par de privilegios y dos colonias emergentes,
las materias sustitutas de la historia y la historia verdadera para unos cuantos, la ignorancia con no pocos diplomas a diez mil pesos el semestre.

Pero siempre la música es mi eterna compañía y la que cambió mi historia el acontecer de varios puntos en esta sucesión de paradigmas uno tras otro para romper el cerco y ensanchar la confusión en el planeta y después de varios siglos, el regreso como una moda más por esos años a la enseñanza de otros sabios diferentes, a las túnicas y el ágora en los oráculos de los anafres encendidos, el ocote y las plantas de la magia, el conocimiento sin la razón de los teoremas, la fuerza de luz en un instante cuántico, el humo del copal, la otra percepción de las estrellas, el constante conocer sin haberse conocido y un toque de espíritu en otro toque mágico.

Después la conciencia, el hombre nuevo que de tanto desgaste ha ido envejeciendo, el desahogo de las cuatro de la tarde alrededor de una mesa de cantina para olvidar los días repetidos, para cobrar el diezmo, la cobardía de no decir una palabra que disgustara al jefe o provocara que fueras conflictivo, las caricias pagadas para seguir en el mismo lenguaje del tirano,
para comprar el paraíso, de vez en cuando el diezmo.

En una tarde sin objetos de apoyo o desahogos simbólicos, como las dos palabras repetidas en un discurso largo, ¡Oh Dios!, como extraño la ausencia
de lo que alguien se robó sin darme cuenta y ahora nuevamente: El despojo,
un frío calado hasta los huesos y otras palabras que construyen mi lenguaje
me aseguran que de igual forma sigo siendo el mismo y este intento recurrente de la explicación sin el silencio, es mi forma de ser, mi propia ideología que  a estas alturas, de ser un devorador de letras sin rumbo, un retorófago en el manual de los no iniciados por el profundo mundo de los privilegios, aprendiz de principiante para lo que en este entonces el tiempo es un accidente, negador de las artesanías de la elipsis y la metáfora; regreso mejor al sillón cómodo de las cinco de la tarde a la espera de la verdad única en mi vida, en la vida de los hambrientos, en la apatía de mis paisanos, en la brutal postura de  los que leen las noticias y lamentan la tristeza ajena desde este cómodo sillón de la inconciencia.

Rechazar al premio Nobel de este año porque algunos se lo merecen o por que no comparto sus ideas, en fin, buscar en el espacio virtual de las imágenes la respuesta sin preguntas, el amor que alguna vez se perdió en una sala de cine en un barrio fantasma, las butacas de madera por donde las chinches se colaban hasta el colchón compartido con algún intruso de provincia, al menos la misma sangre y los juegos cambiados y los sueños y el cine y el beso único después de diez funciones con la vecina de al lado y los comerciales en su pleno apogeo y algunas noticias de un grupo que cambiaría la historia.

No obstante, en medio de balcones, prados perdidos en la ciudad universitaria, viajes interminables en un carro compacto y dos cigarros de mota, sin haber leído “In the road” y no entender las letras de las canciones, mientras una bruja blanca del imperio, apóstata, convertida en la diosa de la contracultura, me trasmitía el halo de la vida por medio de sus nalgas y dos pezones rosados en un cuarto de hotel barato, en tanto se escuchaba la música perdida entre sus letras de un judío converso en el templo de la tarántula con el pan y el vino para celebrar la vida en una noche de símbolos perdidos en la inmensidad de las sábanas.

Largo periplo hacia el lugar preferido de los gringos después de haber matado por obligación al miedo de lo que nunca comprendieron en esa década y sin embargo lo olvidaron, a pesar de la memoria digital y las letras grabadas en un rollo de papel que se fue por el caño, mientras  Mick Jagger, con su voz pastosa regalaba una ilusión de lo que no éramos.

La vida se desmoronó por un instante que se prolongaba en el tiempo de las necesidades y algunos lugares dejaron de ser los solares urbanos, las vacancias del espíritu por llenar y entonces la forma de dormir y las esperanzas se encontraban en el umbral de la sierra, entre los hongos descubiertos por otros hombres blancos y la clandestinidad de la guerrilla en Iztapalapa.

Los manteles cuadrados del café de San Francisco permanecieron intactos mientras unos ojos azules estaban inmersos en el espacio ausente, en la canción de los Who y los sueños que se fueron desvaneciendo entre cervezas narvartianas por alguna calle diferente a las calles de las tardes de niñas de uniforme de colegio de monjas y los buenos días de los vecinos luchando por lo que no comprendíamos.

Las manifestaciones calladas se desbordaban por el silencio de los diarios y las noticias de algunos muertos se esfumaron en la inconciencia provocada por la supervivencia.

Las matemáticas pasaron a formar parte del cementerio de los inútiles y la revolución de los otros repercutió en el largo pasillo de los silogismos y las interpretaciones absurdas de la historia, después se dijo que todos ellos estaban equivocados y terminaron en el manicomio.

Al pasar de los años, la maquinaria de la gran costumbre fue la devoradora de  sueños y solamente en alguna ocasión burlábamos a la muerte en una frase o una rica cogida que se perdía al día siguiente en otro nombre de mujer.

¿Cómo atrapar el instante en que las diferentes señales me indicaban que el mudo había cambiado y nosotros, los de entonces, ya no éramos los mismo?

Solo había una larga letanía de versos del evento posterior, del relato lejano que los historiadores de la forma nos convencían que era nuestra herencia, el pasado inmediato, el centro ceremonial de lo que alguna vez éramos, se había escondido en una sala de museo y algunas fechas memorables.

Siempre los hombres blancos denunciando a los hombres blancos desde ese largo viaje de la muerte hasta la muerte en “el corazón de las tinieblas” que un visionario apenas dejó asomarse de lo que en realidad no era la vida para todos.

Luego el escape, la fuga, el diálogo diferente para explicarnos y nuevamente los locos de la esperanza satanizados por la ideología encubierta del progreso.

El repudio de las geometrías cartesianas en una sala de monos  y un paréntesis del retorno en la isla de las contradicciones, el oxímoron nuevamente en nuestras vidas antes que el copal y la tierra sagrada del peyote, el grito y la catarsis de los que no acataban que su destino era un largo pasado.

El retorno de lo que en realidad fuimos para transformarnos en un amasajo de huesos y carne solidificada por la memoria.

El único sentimiento despojado de las capas superpuestas de la mentira a través de los siglos y el cero descubierto en un programa de televisión, la historia contada por Hollywood o las esperas desesperantes de la leche  a la mitad de precio cuando podía estar contaminada por la herencia maldita de la corrupción y el legado de la indiferencia para los que no eran como unos y no sufrían en ninguna devaluación que atormentaba  la clase media, la única “salvadora de la dignidad del ser urbano”.


Mas adelante llegaría la respuesta transformada en un sinfín de palabras que en ocasiones se asomaban tímidamente por la ventana o sobrevolaban por la playa de las caminatas, de la aceptación, mientras el inmenso universo nos recodaba que el colapso del tiempo solo era parte de la invención del hombre para crear dioses sin vestiduras.

Las rasgaduras del cielo donde se colaban las inmundicias de lo que en un salto cuántico habíamos generado después de un millón de años.

Finalmente no lo veríamos, la gran mayoría rezaba porque no pasara el infierno por sus vidas  y el Apocalipsis no llegara hasta después de encontrarse muertos y la descendencia pudiera hacerse cargo de un pasado que no logramos construir en los momentos de las confesiones.

Todos nuestros antepasado se encontraban hospedados en las páginas de los libros de texto, algunos querían borrarlos ahí mismo en aras del progreso. Yo regresaba nuevamente a la época en donde me sentía seguro y la esperanza no era una palabra obsoleta.

(Escuchaba a los Creedence, cuando los ignoré en esos momentos, Gerardo, mi amigo muerto, seguía vivo y sostenía la bandera de la vida mas allá de la muerte, soñaba con ser piloto, jugaba a que la vida era así como la que vivió después de vivo hasta la muerte..)

Me había cansado demasiado rápido del oficio de los números y las leyes, de lo que era correcto o incorrecto, de las múltiples llamadas a misa durante varios años en la misma calle de una iglesia.

Finalmente había sentido que de vez en cuando un escape de la moda de aquellos tiempos era el reencuentro con lo que me llevaría  a estos años donde renunciaba de todo, menos del juego de palabras que me encontraron en una plaza de Madrid en 1936, “Frente a la tarde de salitre y piedra”: Fue cuando Ulises y yo nos desplazamos al centro ceremonial de los aztecas para escuchar un inmenso discurso sobre la muerte y los espejos en una noche donde el brujo que me inició en el mundo de las sensaciones escritas, me enseñó a tejer mis recuerdos con las presencias de los símbolos y los fantasmas de tiempos que no eran lineales.

Bordados en que las mujeres formarían parte importante después de un proceso de aprendizaje hasta llegar al feminismo y recordar a las viejas hechiceras de la familia.

El círculo alrededor del fuego, los muebles viejos en un librero mágico y un hombre que me sorprendió con tres historias que me marcaron. El estilo, la forma, el sempiterno valor de la retórica en un espacio repleto de metáforas como mariposas de Kenya, rinocerontes  e hipopótamos  en las aguas de un río que ya había desbordado su porción de magia y sin embargo no pudo desgastar a la piedra donde la imaginación estaba escondida.

Palabras que generaban el acontecimiento, donde las teorías de la Física se desmoronaban, pulverizadas por lo que no tenía coherencia y sin embargo... se movían como los molinos de viento retando a Don Quijote o Don Juan traspasando el infinito para no hacer nada, solamente vivir y morir sin objetivos y discurrir en largas caminatas de lo que antes del caos existía como la gran metáfora de la vida, o la reunión de locos en un pequeño cuarto a punto de saltar el océano de las añoranzas para transformarse en los enfermeros de su propia locura.

Volar, ser la ausencia de todo y repetirlo siempre para ser determinados por si mismos y morir siempre y volver a ser siempre lo mismo.

Diluirse en la canción de Bouree de Jethro Tull o en el humo emergente para acordarse de unos ojos azules todo lo que hay detrás de ellos.

Apuntes para  "Narvarte" (2009)





 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Soplo


Dialéctica en silencio de la palabra escrita
y los tonos en frecuencias diferentes de la vida.
pinceladas de  alma que estallan en colores



Son los colores que visten a las sombras
y es el vacío que en su hueco dan cabida al alma;
como un vaso de agua cobra forma
pero solo el aire le da cuerpo
y el viento su figura
y el espacio más allá de las estrellas
sin estrellas...
y son las gotas de espíritu caídas
en el sepulcro del espejo abandonado,
en un instante en que el ángel se descuida
y es la brisa que provocan las crisálidas
al guarecerse silenciosas de los pájaros
y son los pájaros que olvidan su destino
al tropezarse entre sus alas con las nubes
y son las nubes que en canciones de agua
nos recuerdan que un ciclo no tiene principio,
y son los mares que en su furia adormecida
gestan los sueños que soñamos desvalidos
como frágil el susurro de un insecto
el tiempo mismo de la vida es corta
como un soplo
y por lo mismo es frágil
como frágiles sus sueños,
como frágil la palabra dibujada
en colores invisibles
como el agua decantada
es transformada
en canto trasparente.

Así el reflejo del otro ser en otro
y otro
y otro
como una secuencia de imágenes sin rostro,
el intervalo de espera de la muerte,
el abandono de nosotros mismos
en una oquedad de páramos sin flores,
cuencas sin luz en que llaga la nada,
espejos rotos en constantes dictaduras,
ausencia de colores/tierra de sombras
en que es depositado el ánima,
camposanto de olvidos insepultos
recordando  la herida de la vida a cada instante,
almas en pena en busca de respuestas
que en otros mundos no encontraron.


La vida es un caldo de palabras
en que el tropo necesario
es un pájaro volando
al infinito,
un constante recordar
después de un tiempo corto
que un día el pájaro
será cortado por sus alas
y sin embargo existe,
como existe el color,
existe el alma
y el rocío que en metáforas existe
para regocijo del prado y los gusanos,
como el polvo
y también los pensamientos,
las oraciones que intercambian los amantes
en un lenguaje de cuerpos traduciendo el alma
para alcanzar el infinito por segundos
cuando es liberado el verbo
que también existe.



la vida,
es un buche de agua
en la boca del brujo
arrojado a  la muerte por su espalda.

La vida es el espectro de los sueños
al difractarse en tonos múltiples
por un largo cortejo de silencios.

Pero también la vida,
el alma,
las cosas de nosotros,
punto que se convierte en número
sucesión infinita en los límites del tiempo,
caja de cristal que encierra el universo,
razón de ser de las palabras,
proyección del pensamiento
mas allá de las aristas del cubo limitante,
también tiene su conjunto complemento
en que su intersección es el vacío.

Y así como el cuerpo viste al alma
mejor dicho, la confina,
en esta vida
son las palabras,
en ese diálogo incesante del poeta
las que en una arquitectura cósmica
elaborada con cimientos de metáforas,
en ocasiones, resuelven el misterio de la nada.


en ocasiones, resuelven el misterio de la nada.

(En un país lejano... 2009)

El Portal



 
 
Nada nos salva, solo la nada,
esa enorme oquedad en medio del vacío
donde súbitamente surge el verbo
sin que nadie lo reclame.



Tres veces me ha llamado el infinito
La barca de la luz alinea el horizonte.

El mar reclama para sí los rayos del sol
y los pájaros inician los conjuros,
los ritos alrededor del círculo imaginario
que abren el portal del mundo mágico

El ombligo antes cráter 
donde cupo el universo
ahora es  la entrada 
a ese mundo oprimido 
del recuerdo.

El misterio es trasparente cuando la flor nace
la poesía se gesta al caminar con el pasado,
hay luz a borbotones en el cielo
no solo el crisantemo se difracta
en el espíritu y se transforma en pájaro;
el mar entonces es atrapado en una frase 
y surge el verbo repentino a la mitad del parto.

La parte misteriosa, aquella en que los
monstruos de la culpa acechan,
es disipada en esta sinfonía cotidiana,
gritos de niños a la mitad de la mañana
en un silencio líquido
que lava la piel de los recuerdos,
limpia el alma con la sal mística
y borra el sentimiento de la nada.

El infinito siempre está presente
el hormigueo en mi cuello lo delata,
las lágrimas al sentir la carga de Orión
como un río viajando por mi cuerpo,
y el  poema se lee mientras camino
saludando al universo en este pequeño
lugar de los milagros.

martes, 7 de mayo de 2013

Reflejos


                                 Días que saben a poco de JPellicer

               
                                               

Anticipan las metáforas el desvestir del alma
con la luz de imágenes que se desbordan
al presagiar el infinito...


En esta mañana que secó la lluvia
en instantes de pájaros ausentes
y lozanías del sol en la memoria
el pensamiento se sofoca en el estío
mientras un perro dormita el tiempo.

Es  la sensación de aves sin historia
que el mar en su constante movimiento
hipnotiza el viento con una sinfonía de silencios.

El crucigrama del segundo congelado
en el reflejo de un rayo solitario
y desbordante,
fue  un trazo de planetas y de verbos
que resolvió la ruta del espejo.

Yo aquí, sentado en el borde del vacío
mientras mis pies son mojados
con los olores del recuerdo
que habitaban otros huesos,
ahora polvo de ayeres sin memoria,
libro sin hojas blancas,
calendario roto y mariposas
a la espera obligada del invierno.


Huesos, polvo, pájaros de tiempo,
espera en silencio sin recuerdos,
reloj que marca los minutos de la carne
y da una vuelta más sin ser notada,
arcabuces convertidos en fantasmas
entre los pensamientos enredados de mi historia.


A un pueblo sin futuro le sobrevive el alma
y dos soles en este inmenso sistema planetario
atrapan con la sangre a la esperanza
de otros tiempos que ya no son los míos.


Del poemario: En un país lejano. 2008

sábado, 4 de mayo de 2013

58 ( 62)






Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano. Mario. Benedetti.

Pegado al infinito,
a un lado del pentagrama
entre Beethoven y Grand funk
Walt Whitman y Viajero,
cerca del vacío,
pleno de amor en mi silencio
obligado,
anhelado,
aceptado
cercano a otro tipo de silencio,
en una habitación aislada...
mi permanencia,
tratando de olvidar recuerdo,
reflexiono en mis números
cinco, ocho, cabalísticos
ahora seis y dos;
(todos pitagóricos).

Lejos del mundo de los vivos,
atado a mi cintura un pájaro
y en mis pensamientos…
una mujer,
me festejo a mi mismo
se agota la cerveza de la celebración
dejo el último trago para la canción
fastuosa,
festiva,
la cualquiera,
la que me seduce
por unas cuantas letras,
en la voz de mi amada Patty
digo salud por ella como si el apellido
fuera importante: Smith o Pérez,

Efecto de “mi mismo”
el peso de miles
y unos cuantos
celebro la realidad de lo que soy:
apóstata
contestario
anarquista
aprendiz de brujo
y de poeta
vagabundo de las letras,
de la historia,
de la magia,
amante de la nada
y esta puta soledad que embriaga.

sin ser solamente esto,
celebro un ciclo,
el fuego nuevo,
las mitades compartidas
hombre público
privado,
asociado a mil eventos
sin ser de nadie,
finalmente soy de todos
orgiástico
odioso
explosivo
amoroso
a veces entre el blues
y la pacheca,
místico,
creyente de la nada
y del vacío,
eterno adorador de pájaros
perdido entre los pájaros.

Así soy yo
y no me arrepiento,
desnudo ante el milagro
de saberme vivo,
sé estoy conciente
que algún día
mi amada fiel
como al   Xavier de los Nocturnos,  
Manuel, el de Rosario,
Vicente  el de Altazor
o Pablo el capitán,
me acogerá plenamente entre sus brazos.

Sin pretender parecerme a nadie
dedico estas últimas líneas
de mi fuego renovado
a Mario Benedetti
mi poeta consentido                                                                                                                                     
el mismo que Paz, mi brujo,
(el responsable de haberme contaminado  de poesía),
“supuestamente”
decía que no lo era,
para mí
y mi América dolida
el amor redefinido por sus versos,
es el Poeta al que más quise parecerme.


viernes, 3 de mayo de 2013

Esperándote




Tomar café a las cinco de la tarde
mientras espero tu llamada
escribir unas líneas,
ver tu imagen
imaginarme rodeado entre tus brazos
salir de la rutina por medio de un verso
y escaparme de esta espera
pensándote
aguardar la noche
que nos mantendrá en vigilia
y de nuestros cuerpos
el reclamo de encontrarse,
sabotear los minutos
y las horas embebido en tu figura,
sumar las palabras que mitigan
la ansiedad de oírte
preguntarme donde estarás
mientras mis labios te reclaman,
alargar las líneas
y ahuyentar el desconcierto,
tu ausencia,
quedarme entre tus labios
como el beso que el mar te dio
en esa tarde que me regalaste
tu momento, el instante de pensarme,
de saber que existía y me encontrarías
por algún lugar donde no lo esperabas
en este país de soledades aparentes,
entre las gravedades de mis inquietudes
y los deseos de buscarte sin saber
de igual modo que habitabas otro lugar
donde la soledad no existe, 
supuestamente
y sin embargo es el espejo
a la vera del camino
donde pudimos encontrarnos.

Silencio, alguien llama
eres tú mi amor?
ya te esperaba entre frases
y oraciones con puntos suspensivos,
mientras pintaba este tiempo
con retazos de una historia
que comenzó en tu boca
y no se termina en este lugar del mundo
hasta que tu y yo podamos estar juntos.

Paradigmas





I

Me pisa los talones la nostalgia,
esa sensación sin plenitud del alma
y que el espíritu teje con tiempos
a destiempo;
me detiene
me aplasta
me delata,
hunde su estaca de silencios 
robados por el alma.


En esta soledad, 
sin la clásica respuesta del vacío
el mástil sobresale de la niebla;
como un árbol sin hojas y sin ramas,
una ventana de nubes trasparentes
abre sus puertas en el cielo,

el ermitaño canta en el desierto,
ante el ruido sordo de la nada,
los brujos se alejan en la noche
para esconder las intenciones.

II

En estos años de paradigmas nuevos,
un solo camino se repetía en nuestros sueños
como un cristal de mil caras reflejando luces
en infinitos coloridos
y el color negro como música de fondo
para el  grito de protesta pronunciado en otro idioma.

Aferrada a  una nota de guitarra,
una pisada en Do
seguida de un Re prolongado
y una pauta de silencios,

la dulce música sin dueño,
en ese lugar donde la mística,
punto final del paradigma,
fue la respuesta para la soledad 
de nuestra especie.

Viajando a través del universo reaccionario,
el ermitaño ha muerto
después de haber cruzado el puente
y traducir la palabra sagrada en otras lenguas.

Mientras escucho su plegaria
las abejas intentan pasar por la ventana
en una canción que se desdobla en dos letras
para una multitud de solitarios.


III

La nada espera
la soledad es pasajera del intento
el color blanco no existe,
es el  símbolo de una mujer
sin huella por la playa del olvido.

Aquí, el tiempo es otra nota sin arpegios
en La mayor de abeja inquieta,
pájaro dormido en una zona mágica
donde la selva esconde el sueño
en las cuatro fases de la luna.


IV

Es cierto,
el universo nunca se detiene
y sin embargo el tiempo del recuerdo
es insepulto y reversible,
el pasado de un futuro muerto
negación del eterno movimiento
la doble flecha de un vector que no tiene sentido
algunas canciones suspendidas por el eco
que regresa su confuso nacimiento.

Es cierto,
el mundo cambia
su rostro es el mapa de un barco sin rumbo
después de haber partido en varios puertos,
la negación del tiempo sin destino
el reconocimiento de que el amor existe,
continentes que no fueron del todo conquistados,
pelícano viejo en un mar de peces quietos,
entropía constante del vacío
mientras la muerte espera.

Ya era especial cuando el silencio fue dorado.

Es cierto,
el mundo se detiene dentro de un cuarto,
es su rostro  geografía de tiempos sin futuro,
pueblo del retorno donde las veredas no se pierden
para llegar al sitio donde los espejos duermen,
puente dorado,
puerta florida que es leyenda,
ciudad abierta,
punto de encuentro,
tumba de paradigmas rotos.

Del poemario Travesía (2010)

jueves, 2 de mayo de 2013

Remolinos







En el ojo de un huracán de historias
saltando de los lentes de la abstracción
de Guillermo Samperio, un escritor,
a un atlas de bolsillo de Mesoamérica,
la recopilación de poetas modernistas
de hace ochenta años por Jorge Cuesta,
La Historia de México y sus gobernantes
El Kybalión y las siete leyes; tres iniciados.
y escuchando adormecido White Tantra Yoga.
En medio de este remolino de libros y temas;
reflexiono la lectura que hice de Cortázar
cuando escribe “cristal con una rosa dentro”,
esas pequeñas cosas que canta Joan Manuel
las noches sin estrellas y en lunadas
entre arena del mar y mi casa en el olvido,
lloviéndome de comas y acentos por las frases,
atorándome de versos al azar desesperados
y los párpados cansados con el tiempo encima
la boca seca por no haber despegado los labios,
la imagen del río  Jamapa entre árboles de mango
y una zona verde devorada por la grava y el asfalto,
a unos cuantos días del canto decembrino de la rama
y en el viaje no resuelto a la casa de los otros
rostros descubiertos por la montaña
que se esconde con sus ojos…
Me dispongo a preparar un café veracruzano
leer una colección de versos de un amigo
estudiar las reacciones de mi cuerpo cuando fumo
reflexionar sobre la crisis sempiterna de la vida
tratar de entender por qué la soledad es una puta
y bendita compañía en estas noches invernales,
ausentarme en una lluvia de metáforas,
escapar, darle carpetazo de inconcluso y terminado
a los cientos de  problemas no resueltos
y así como en estudios que le hacen al futuro,
sobre todo de aquello que puede dejar dinero,
donde alguna variable puede ser el tiempo,
así dejo que el tiempo sepulte mis recuerdos,
y cubra de polvo figurado a mis sueños de hace un año
y acomode otras variables del amor y del olvido,
de los viajes planetarios por continentes inventados
en que el cuerpo de una mujer no necesita anteojos,
su orografía dos cordilleras imponentes impolutas
valles y ríos microscópicos donde fluye el sexo
grutas en que me encierro para olvidar mi vida
al recordar uno a uno los detalles desde el vientre,
capitulando amarras en el puerto de la muerte
atravesando el miedo de que nada es importante
solo el camino por andar no caminado,
no dejarse arrullar por el canto de sirenas
volver a recorrer los pasos perdidos de la infancia
los juegos con chapetas y alambres inservibles
ser mariposa y cometa en el verano, farol chino
y rituales en los festejos tropicales del invierno
y este dolor sin que te duela al descubrirme nuevamente.




Chapetas: Corcholatas aplanadas que se perforan en el centro y se introducen en un alambre para elaborar una sonaja que sirve para acompañar los cantos en décimas de una tradición decembrina en Veracruz que se llama La rama:  (“Naranjas y limas, limas y limones/ mas linda es la reina de todas las flores…”)

Resguardo




Recinto enardecido por los gritos
ahogados del silencio,
paradoja del espacio en el correr del tiempo,
resguardo del espíritu errabundo
donde construyo con letras las paredes 
y los cimientos con grava del vacío.

Sitio donde me pierdo con mi amada,
esa bella soledad qué en momentos me abandona
aunque siempre espera en el tejar del sueño
cosido con el polvo de la noche;
carrucos enhebrando las cornisas de la espera,
otro refugio para los pájaros cansados.

Este lugar me despoja de todas mis verdades,
se puede ver el pensamiento detenido
en el vaivén de los susurros invisibles;
una pared pintada con instantes fenecidos
y en la otra parte donde se cuelgan las palabras,
varios muros de papel que aprisionan al olvido.

Aquí he yacido muchas veces sin motivo,
Me he convertido en planta que florece,
árbol sin raíces reflejado en el espejo
líquido de ensueño,
camposanto en un sepulcro epistolario;
después,
los sombríos pensamientos se transforman
en caudal de pájaros marinos,
cayuco navegando en agua dulce.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Oráculo









Con una somnolencia extraña
y de otro mundo,
los sueños se apoderan de mi alma.

Me sumergen a estados de abandono
con las palabras escondidas por los poros,
entes incoherentes entre puntos suspensivos,
virus reproducidos a mil letras por segundo,
relatos imprecisos y sedientos 
que fluyen por las venas del poema
formando cadenas de oraciones sin destino.

Ideas que fueron desahuciadas por el cosmos
se precipitan a un prado de versos  inconclusos
como claves secretas para descifrar el verbo.

Atado estoy en el punto donde el ángulo se gesta
con las  tijeras que cortan el vacío en partes desiguales,
retazos de   universo, respuestas rotas y asimétricas
como un cuerpo geométrico sin forma.

En esta sensación de libertad sin rostro,
filamentos de luz en el umbral de la metáfora,
blancos salpicados difractando pálidos reflejos,
símbolos dibujados en la paleta de las sombras,
y el torbellino de signos en espera...
soy conducido a un camino sin puntos referentes
donde  la conciencia es el pretexto de un ser desconocido,
el terreno posible de los futuros descubiertos
por un laberinto intrincado de presentes idos
en un pasado de mensajes  encriptados,
revelador de profecías sepultadas
en el negro ataúd de los silencios.

Nuevamente el oráculo del sueño es la poesía,
el misterio impenetrable del espejo
en los grandes almacenes de la nada.